No sé si por influencias de lecturas como El guerrero a la sombra del cerezo, haber visto The Outsider o por curiosear siempre en aspectos de la cultura japonesa, que durante la rueda de prensa de Brandon Staley me rondaron en la cabeza temas como el honor, la dignidad y la anteposición del bien común, del grupo sobre el individuo; rigores que dominan aquella cultura alejándose del mundo occidental actual, y que debían ser propios del football cuando la salud y sangre del individuo se ponen al servicio del equipo. Cuando alguien en una organización no entiende que el fin común es el objetivo primordial donde los destinatarios son el epicentro sobre el que dicho conjunto gira, desconociendo aquél que no es más que un instrumento puesto para la consecución de dicho fin, no queda otra que la extirpación de ese mal antes de que se extienda en metástasis que contamine al resto del organismo. Considerando que quien ve el football sí tiene, inevitablemente, cierta atracción hacia la violencia en el deporte, permítame el lector acercar aspectos de aquella cultura oriental que bien podían ser importados, entiéndase en sentido figurado o metafórico. El entrenador de la NFL debería tener un código como el del samurái escrito por Yamamoto Tsumemoto en el siglo XVII que decía: "El camino del samurái es la muerte", parafraseándolo, “el camino del entrenador es el despido”. Que sea la muerte no siempre quiere decir que esta fuera por causa natural o en la guerra, sino también para aquellos casos de deshonra o sacrificio en beneficio de un bien concebido como plural. Así con todo, entra en dicha cultura el Daisho como el Hitobashira del Japón Feudal. Uno casi voluntario, otro impuesto. Pensemos en el primero. El Daisho es el conjunto de dos espadas samuráis: la Katana para matar en la guerra y el Wazikashi para decapitar, para la honra. El Hara Kiri o Seppuku, suicidio por honor, lo llevaba a cabo el Samurai, normalmente con una daga: el Tanto. El samurái se evisceraba ejecutando un corte horizontal y otro vertical en el estilo jumonji o "del número diez", por el ideograma que dibujaban los tajos. El objetivo era cortar los centros nerviosos de la columna, lo que provocaba una larga agonía; por ello, aunque se consideraba honroso inmolarse solo, se acostumbraba a emplear a un "otro", un amigo o servidor, el kaishakunin, para decapitar al suicida tan pronto como se apuñalase. El segundo, el Hitobashira, como enterramiento de seres vivos para lograr el favor de los dioses en la construcción de edificaciones amenazadas por inclemencias del tiempo, como crecidas de ríos u otras semejantes.
Todo esto que acabo de contar me sirve para llegar a alguien como Brandon Staley. Ofrézcanse esos recursos al entrenador de Chargers, insisto, metafóricamente hablando, para llegar a una salida honrosa. Tras la derrota contra Packers, una de sus frases que refleja el egoísmo propio de quien no distingue que su trabajo está al servicio de una organización que se compone, no solo de trabajadores y profesionales, sino fundamentalmente de aficionados, retumbó en la en las redes sociales directamente desde la sala de conferencia de prensa: “I’m not here to talk to the fanbase…”. Descuido o negligencia por la que subyace la idea de quien no es consciente de que se debe a ellos, a los fans, pues un equipo deportivo, cualquiera, está soportado, llorado, sufrido y disfrutado por quienes compran entradas, ven la televisión, llenan las redes sociales, financian y alientan al equipo. Decir que no hablas para ellos es ningunear el principal activo de cualquier franquicia, club o equipo. Siempre que hable cualquier miembro del staff, es para que los aficionados tomen razón, se enteren del camino de su equipo y puedan juzgar su rumbo. Todo lo que denota esta rueda de prensa del entrenador de los Chargers echando balones fuera, manifestando que no se defiende tan mal y que las cosas se hacen correctamente pero que la fortuna es esquiva, no es más que una ausencia de autocrítica y de asunción de responsabilidad, de huída hacia delante, dándole una patada al poco honor que le quedaba. La separación del equipo con los fans crece y esa es la primera piedra que llevará a derrotas y a la separación también del entrenador con los jugadores, que perderán esa ciega creencia en el liderazgo de su HC, y es que tampoco es el reflejo de lo que una franquicia busca. Va a ser difícil que él solito se haga el Hara Kiri a pesar de todo, así que no va a quedar otra que extirpar de cuajo. Sabemos que Costa Mesa no viven sus mejores momentos. Sin tener que retroceder tanto como a aquellos San Diego Chargers de Sid Gillman que revolucionaron el juego de la NFL dando protagonismo al aire, sí podemos recordar a Don Coryell, cuando le da una vuelta de tuerca, con Joe Gibbs y Walsh trabajando conjuntamente y con el piloto de aquella nave, el Quarterback y Hall of Famer, Dan Fouts, cuando se llegó a dos finales de la AFC, sin Super Bowl, y podríamos trazar una simetría hacia estos Chargers. Con Philip Rivers sucedió algo que parece repetir la historia: otro Quarterback maravilloso, siendo más que posible que ingrese en el Hall of Fame, y que esta Franquicia no aprovecha más que para llegar a otra final de la AFC que pierde contra New England en 2008, eso sí, con gran protagonismo en playoffs, llegando a ellos en 7 años de los 15 que empezó como titular, habiendo jugado todos los partidos de cada temporada, 16 por cada una de ellas en esas 15 anualidades, 240 partidos seguidos sin ausencia. Ganar una Super Bowl es muy complicado, y ni un entrenador te lo garantiza, pero la gran mayoría de Qbs élite sí lo tienen o han tenido desde el comienzo de la era SB. Algunos como Dan Marino, Warren Moon, Dan Fouts o Jim Kelly no han llegado hasta allí, pero son minoría en el olimpo de los Qbs. Ahora nos encontramos con Justin Herbert, un quarterback sensacional y en mi opinión, en lo que a talento puro se refiere, top 3, pónganlo 2 o 3 de la liga, pero seguro que para la gran mayoría estaría en ese top 5. Élite en cualquier caso y que apunta maneras para que su talento sea desperdiciado con compañeros de dudosa calidad y staff que no está a la altura. Veremos qué pasa, pero ver a Herbert en un Gridiron, guardando el pocket, saliendo de él, pasando bajo protección, fuera de estructura, pasando en corto o en profundo, scrambles que finalizan en pase fuera de números para downs largos, slides de izquierda o derecha para buscar ángulos de lanzamiento, escaneo de todo el campo en primera, segunda o tercera lectura y una más que decente elusividad para una carga de brazo que es un cañón, es algo que disfrutamos todos los que vemos este deporte. Para mí lo tiene todo, todo, quizá peque, como su bisoñez también lo exige, de algunas lecturas atragantadas, pero nada que no sea corregible. No veo equipo que no pudiese mejorar con su presencia, salvo Chiefs y Bengals, y por su especial forma de juego, Eagles y Baltimore. Ojalá no sea otro talento excepcional dentro de la historia de esta Franquicia que no visite ese último escalón, el del Super Bowl, el del cielo de los Qbs, el más complicado. Cualidades para llegar le sobra. Veremos.
Philadelphia y Kansas City: Primero se gana, después se habla
Permítame el lector empezar este apartado con Jorge Valdano, ex jugador y entrenador de fútbol, cuando acuñaba aquella frase a él atribuida: “Alemania primero gana, después se lo merece”. Cuánto hay ahí de carga de profundidad frente a lo que pasó en este último partido entre dos de los favoritos a ganar el próximo Super Bowl. Los Kansas City Chiefs y los Philadelphia Eagles jugaron ambos 12 drives, por los que Kansas consiguió más yardas totales, más yardas de pase, más yardas de carrera, completó más pases, llevó a cabo más carreras, finalizó más jugadas que su rival y tuvo más posesión. Fue mejor en todo menos en una cosa: consiguió menos puntos que el contrario. Y es que al final, Eagles se está convirtiendo en aquello que decía Al Davis: “prefiero ser temido que respetado”, y no hay nada que infunda más temor que un equipo que gane casi siempre, jugando mal o regular; es la historia de los Eagles en esta liga de 2023. Encuentran la manera, con fortuna en ocasiones, para ganar o siquiera para impedir que el otro gane. Un final donde si Marcus Valdez Scantling atrapa un claro balón de touchdown cuando Mahomes coloca el oval directamente en sus manos, podría haber finalizado el partido a favor de Kansas. Pero esto es football, y cuando tienes un 5ª ronda como MVS para recibir pases frente a dos primeras rondas consolidadas como las que tiene Eagles, AJ Brown y D. Smith, poco hay que decir. El hecho de no anotar ningún punto en las segundas partes de los últimos tres partidos, de los que perdió dos de ellos, debe preocupar. Es el último equipo en este apartado de puntos convertidos en las segundas partes de esta liga. Que falta talento en los receptores es un hecho, pero Patrick lo esconde todo, sustituye la ausencia de calidad poniendo el balón en las manos de sus compañeros para evitar cualquier plus de calidad requerida para la recepción como ya razoné en artículo anterior. Mahomes lo puede todo, o casi todo. Su mejor socio, Kelce no está como el año anterior, un fumble impropio de él, se une a una interceptación a Mahomes en la RZ y aquel drop de MVS. Pero no voy a hacer lo que sí hizo Orlovsky, decir que se sale del partido creyendo que los Chiefs son mejores. Honestamente creo que Mahomes es mejor a todo lo que tiene Eagles y cualquier otro equipo de la NFL, maquilla y esconde cualquier defecto, pero no llega para ganar siempre y hay muchas cosas que tampoco se hicieron bien desde Kansas y no sabemos si podrán mejorarlo, porque los drops van a seguir, es algo demostrado por quienes acompañan a Patrick. Hay tiempo para corregir y ajustar, pero el animal que mide dos metros de ancho no cabe por una puerta de un metro, hay cosas que ni ajustando. Que encuentren la solución pasará de nuevo e inevitablemente por Patrick Mahomes, y Reid nos tiene ya acostumbrados a encontrar luz en la opacidad más absoluta y cuando todo está en contra. Queda lo mejor.
Goodbye, Canada. Otro sacrificio necesario
Los sacrificios no entienden de tiempos ni lugar. Agárrense. Primer cambio de entrenador dentro de una temporada por los Steelers en 80 años, el último en 1941. Un partido desastroso por parte de la ofensiva de Pittsburgh -y Cleveland- el fin de semana, ha sido la gota que ha colmado el vaso de Omar Khan. Entiéndase bien que Matt Canada, ex coordinador ofensivo de los Steelers, no ha propuesto nada en estos años; ciertamente Pittsburgh cuenta con una plantilla ofensiva con más oscuros que claros, donde no todo fue su responsabilidad, pero en una franquicia en la que el game plan brillaba por su ausencia. Es, a día del despido, la 28ª franquicia de la NFL en yardas ofensivas por partido. Un ataque siempre muy por debajo en EPA y success rate. Algo muy pobre en una franquicia de la exigencia de Pittsburgh. En ningún momento Canada probó tener nivel para proponer algo serio en la NFL. Cierto que la selección de picks de primera ronda tampoco ayudó, Chase Claypool, Najee Harris, Kenny Pickett... No todo es achacable al Coordinador pero no hacer jugar a un equipo NFL y lograr que, según CBS Sports, de los 315 quarterbacks con al menos 500 intentos de pase desde la fusión AFL-NFL de 1970, sólo Pickett ha lanzado un touchdown en menos del 2% de sus intentos durante ese lapso, no solo es culpa en exclusiva del chaval de Pitt U., salvo que queramos hacernos trampas al solitario. Si se demuestra la nula valía de este Qb, habrá culpa compartida. En un equipo donde la separación de los WRs depende más de un skill release del propio receptor que no de rutas combinadas que permitan su distanciamiento en la propia ruta, uso de conceptos poco eficientes en campo, un football muy alejado de lo que hoy se propone para poder batir a defensas terriblemente físicas y atléticas, se traduce en la nada. Hace poco escribía el porqué Pittsburgh se sostenía en cada marcador, agarrándose a un clavo para llegar al final de los partidos con opciones, y no es otra cosa que su defensa. Es la que lo mantiene con vida en cada encuentro contando con un frente tremendo con Highsmith, Heyward y TJ Watt que permite a Pittsburgh estar en cada uno de los partidos hasta el último aliento, que no puede desconocer el horror en la ofensiva. Este movimiento de la salida de Canada no garantiza nada a Pickett pero sí es un respiro para él, o así lo entiendo yo, pues la culpa ha sido trasladada al Staff con la esperanza de que, con una mejor propuesta de ataque, el chaval de Pitt, remonte el vuelo y se parezca al que en College, especialmente ese último año de 2021, sorprendió a todos batiendo el récord de pases de touchdown que el propio Dan Marino ostentaba en Pitt y tercer finalista por el Heisman en 2021, tras Bryce Young y Aidan Hutchinson. Es la última de Pickett.