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Los Patriots han vuelto, Denver se queda huérfano y el Oeste de la Nacional certifica su dominio

Por decimoquinto año consecutivo, la Final de la Conferencia Americana tendrá presencia de Patriots o Chiefs, con la única diferencia de que por primera vez no serán Brady o Mahomes los QBs presentes sino un Drake Maye llamado a ser el elegido para heredar el imperio patriota. No, esto no significa que Maye esté ya a la altura de Brady, lo que representa es la esperanza de una nueva era para unos New England Patriots que, tras dominar la NFL durante casi dos décadas, han encontrado la fórmula para ser competitivos tan solo seis años después de la marcha de su gran superestrella. Brady ganó seis anillos con los Pats y uno más lejos del área metropolitana de Boston y ahora, New England ha encontrado un chico sobre el que construir un nuevo intento de atacar el anillo, de aspirar al Super Bowl, de volver a ser ganadores… y eso, por sí mismo, ya es un éxito. Cualquier comparación entre Brady y Maye es fútil e irrelevante a estas alturas, no se puede poner sobre el joven QB de 23 años el peso de siete anillos –peso que sintieron todos los sustitutos de Brady al frente de los Patriots hasta la fecha– y al mismo tiempo, tampoco tiene sentido comparar los albores de la carrera de Brady con la de Maye dado que con la de con la edad con la que el actual QB de los Patriots se ha plantado en una final de conferencia, Tom Brady ni siquiera tenía un solo partido como titular en la NFL. Dicho esto y dejando claro este punto, por supuesto que Drake Maye es el heredero de Tom Brady y no sólo eso, sino un digno y legítimo heredero que ha recuperado la ilusión para una afición de los Patriots acostumbrada a lo mejor.

Son Drake Maye y su entrenador Mike Vrabel los dos verdaderos pilares de un nuevo advenimiento para los Patriots, que vuelven a una final de conferencia mucho antes de lo que cualquiera pudiera esperar –y más teniendo en cuenta que la pasada temporada sólo ganaron cuatro partidos– y aspiran al título de campeones muy por delante de lo que su agenda marcaba para ellos. Maye es un QB con todos los dones para armar un proyecto ganador a su alrededor y Vrabel es el entrenador ideal para la franquicia debido a su carácter y cultura, que casan perfectamente con la franquicia de la región de Nueva Inglaterra (no en vano fue All Pro y ganador de varios anillos como jugador con los Patriots). Desde ahí, existen varios motivos que explican este éxito prematuro y, para muchos inesperado, de los Pats esta temporada.

New England devuelve dureza contra el equipo más duro de la NFL y sabe ganar en el barro

Cualquiera podría entender que, en un partido de ronda divisional de los Playoffs en la que tengas enfrente a los Houston Texans y su defensa número uno de la NFL, el camino a la victoria no se iba a forjar desde el fino estilismo sino desde la resiliencia y pelea. Los Texans iban a plantear una batalla física y los Patriots no se arredraron y combatieron fuego con fuego, siendo incluso más duros mental y físicamente que su rival. Las defensas mandaron, lo que pocos podían esperar es que la unidad defensiva de Patriots fuera más determinante que la de Houston. Aquí es donde el sello de Vrabel se vuelve relevante. La defensa de New England, construída a imagen y semejanza de su Head Coach y fantásticamente dirigida por Zak Kurh (Entrenador de LBs que desde la Semana 2 de esta temporada ejerce como Coordinador Defensivo interino que asume las tareas de Playcall en los partidos), sin grandes superestrellas pero plagada de jugadores dispuestos a dejarse la piel en el campo por su equipo, se ha traducido en un colectivo capaz de cambiar el signo de partidos de Playoffs. Ya lo hizo en la ronda de Wild Card, pero su impronta en la cita Divisional fue decisiva para entender la victoria de New England. Una y otra vez, la defensa de Pats logró presionar y confundir a un C.J. Stroud, que jugó el peor partido de su carrera y uno de los peores de un QB en Playoffs de la última década –el quinto peor, para ser exactos–. La Línea Defensiva se comió a la OL de Texans, manipulándola a su antojo y empujándola para atrás desde el interior para borrar por completo el juego de carrera. Milton Williams y Christian Baremore fueron una pesadilla para los RBs de Houston, ya que los tenían en la cara cada vez que tomaban el balón en sus manos.

Pero fue incluso más sorprendente lo que la presión exterior pudo provocar en Stroud. Liderados por un Chaisson jugando al mejor nivel de su carrera, hicieron ver fantasmas al QB rival y provocarle hasta cuatro intercepciones, una de ellas retornada para Touchdown por parte de Marcus Jones. Pero es que toda la secundaria estuvo excelente, Carlton Davis se anticipó una y otra vez a las tomas de decisión de Stroud, los dos Safeties, Craig Woodson y Haylinn Hawkins volaban por el campo y Christian Gonzalez simplemente cerró la puerta de su lado del campo. Eso sin hablar de una pareja de LBs que diagnosticaba las jugadas antes de que sucedieran y castigaban con un golpe tras otro a todo el que pisara el área del campo que ellos patrullaban. Robert Spillane estuvo muy acertado pero lo de Christian Ellis fue una exhibición, ocupando la zona del campo hacia la que iba la jugada antes de que el balón se pusiera en juego una y otra vez. Una actuación imponente de la defensa que fue el principal argumento para explicar la victoria patriota.

El ataque tuvo que sufrir mucho más… y no era para menos. Se estaban enfrentando a la defensa número uno de la temporada. Y Houston no lo puso nada fácil, si quitamos los tres drives que acabaron en anotación del ataque de Patriots, la defensa de Texans solo permitió dos yardas y provocó tres pérdidas de balón –cuatro, si sumamos el hail mary previo al descanso–. Ahora bien, conseguir tres drives exitosos que se traduzcan en 21 puntos contra la defensa de Texans no está al alcance de casi nadie en esta liga y la unidad ofensiva de Patriots lo consiguió. Esos tres drives fueron más que suficientes para marcar la diferencia en un duelo tan determinado por las defensas. La carrera apareció a cuentagotas pero cada vez que se pudo establecer en la serie ofensiva se tradujo en aire fresco para la sostenibilidad del ataque. Rhamondre Stevenson cumplió con la papeleta. Y si atendemos a la actuación de Drake Maye mirando solo a la hoja de estadísticas, se puede pensar que jugó un mal partido, pero el test de lo que no sale en la estadística, lo que entra por los ojos y, mucho más en los momentos decisivos, lo pasó con nota. Primero, premio a la audacia de jugarse un cuarta y uno decidiendo castigar la propuesta defensiva de arranque por parte de Houston con uno solo Safety profundo. Maye leyó esa single High y golpeó por el centro del campo con Pop Douglas para poner los siete primeros puntos en el luminoso.

El siguiente drive de anotación para Pats fue el mejor de todos. Ya con Houston en formación defensiva de quarters (dos Safeties profundos en lugar de uno y una zona con cuatro defensivos protegiendo la parte trasera), Maye encontró dos veces seguidas a Boutte y remató con un lanzamiento de Touchdown extraordinario a Diggs en una ventana estrechísima (0,4 yardas de separación tenía el veterano WR), que el propio Diggs recompensó con una atrapada de mérito con el defensor encima y aguantando el balón casi milagrosamente contra un fuerte contacto.

Pero la guinda llegó con el tercer Touchdown. La jugada del partido. Un pase de Drake Maye de 32 yardas atacando la End Zone bajo la nieve, lo suficientemente preciso para evitar a uno de los mejores CBs de la NFL y permitir que solo su WR pudiera atraparlo y vaya si lo hizo… Kayshon Boutte nos regaló una recepción a una mano para el recuerdo, batiendo a un Derek Stingley, que en los últimos dos años sólo había permitido dos recepciones de 34 pases de más de 20 yardas enviados contra él. Una jugada maravillosa que certificó la victoria de Patriots y los colocó en la Final de la Conferencia Americana siete años después de su última presencia en la misma, abriendo la puerta a una nueva era en New England.

El cruel destino se ceba con Bo Nix y los Broncos necesitarán lo mejor de su colectivo para estar en el Super Bowl

En una ronda divisional complicada para los QBs, probablemente Bo Nix firmó la mejor actuación de los ocho que estuvieron en liza. Estuvo a la altura del reto en un partido donde el juego de carrera no funcionó al margen del propio Nix y donde todo se depositó encima de sus hombros. A la hora de la verdad, ejecutó con pericia y marcó las diferencias contra todo un Josh Allen y metió a su equipo en la final de conferencia… Solo para ver cómo, a dos jugadas del final del partido, se fracturaba el tobillo y se quedaba fuera para la final de conferencia y un eventual Super Bowl. Destino cruel para el principal responsable de la victoria de Denver. Ahora, las esperanzas de los Broncos se centran en una defensa que jugó un gran partido ante Buffalo y un QB Backup como Jared Stidham, que lleva dos temporadas sin lanzar un pase en un partido oficial de la NFL.

Para los Bills, se volvieron a hacer añicos los sueños de gloria y se certifica la realidad de que deben rodear mejor a un Josh Allen que cometió errores graves en este partido pero que, al mismo tiempo, produjo lo suficiente para dar opciones reales de victoria a su equipo. La consecuencia directa ha sido el despido fulminante de su Head Coach Sean McDermott, aunque el GM Brandon Beane no sólo seguirá en su puesto sino que ha sido ascendido a Presidente de Operaciones Futbolísticas. Está claro sobre quién ponen la responsabilidad de los fracasos de los últimos años…

La mejor final de conferencia posible en la Nacional

Si en la Conferencia Americana han llegado hasta la final los Seeds 1 y 2, en la Nacional no ha sido así pero podemos convenir que sí la han alcanzado los dos mejores equipos de la temporada. Los Rams dominaron la conferencia durante más de media temporada y los Seahawks, gracias a un fantástico rush final, se acabaron haciendo con el Seed 1 y llegan con una inercia de buen juego y confianza, que les otorga un pequeño favoritismo, además de por el hecho de jugar en casa, en un Lumen Field que en la Ronda Divisional recuperó la atmósfera y la energía de tiempo pretéritos muy exitosos.

Ahora las preguntas que hay que hacerse son si podrá más el trío de ases formado por Stafford, Puka y Davante Adams en la ofensiva de Rams –bien acompañado por un buen juego de carrera y probablemente el mejor entrenador de los últimos años en la NFL, Sean McVay– o el entramado defensivo impenetrable que ha conformado en Seattle un Mike McDonald que ha dominado la NFL desde su propuesta defensiva. Y la otra cuestión será comprobar si Sam Darnold da la talla en estas instancias y si un Kenneth Walker III en racha puede liberarle de la presión controlando el juego desde lo terrestre.

Después de dos rondas de Playoffs verdaderamente apoteósicas, llegan unas finales de conferencia magníficas con cuatro equipo que, dentro de la igualdad de la temporada, se puede decir que realmente han sido los mejores y merecen estar aquí luchando por llegar al Super Bowl.