“The most important light is the light we cannot see”.
Lo factualmente correcto sería decir que All the light we cannot see es una novela escrita por Anthony Doerr, publicada el 6 de mayo de 2014 y ganadora del premio Pulitzer para obras de ficción en 2015.
La realidad es que adquirí dicha información instantes después de haber finalizado la miniserie del mismo nombre, el domingo pasado al mediodía. Vivimos en el año 2023, con una saturación de contenido audiovisual espeluznante que –al menos en mí- ha producido una marcada disminución de la cantidad de series y películas que elijo consumir.
No obstante, digo lo siguiente con total certeza: All The Light We Cannot See es una de las piezas más bellas que he tenido la suerte de ver. Le agradezco a mi novia (que, precisamente y para que cierre perfecto con esta columna, se llama ´Sol´) y se las recomiendo enérgicamente.
Un par de horas después, la imagen en mi TV era otra. En lugar de la devastada ciudad costera francesa de Saint-Malo, la locación era una lluviosa y (siempre) ruidosa Philadelpia. Allí, el mejor equipo de la NFL –en términos de récord, al menos- ganó uno más de esos partidos pesados, sacando su chapa de candidato al título y mostrando las cualidades que lo ubican en el lugar que ocupa hoy.
Los Eagles, ahora con marca de 10-1, vencieron a Buffalo Bills en uno de los partidos más entretenidos de la temporada y que tuvo todos los condimentos necesarios para lograr una estrella Michelin en el catálogo ´23/´24 de la NFL.
Si miramos las estadísticas, es casi absurdo que los Eagles hayan salido victoriosos. Ya de por si es difícil ganar en la NFL si tu rival te superó en yardaje total por 127 (505 a 378). La ecuación es aún más complicada si perdiste el famoso turnover battle, una a dos (una INT para Bills, una INT + un fumble para Philly). Los Bills tuvieron una eficacia en 3er down del 59% (contra un 36% de PHI) y, por último, también dominaron el tiempo de posesión (40:30 a 26:53).
Las chances de que un equipo pueda sobreponerse a todo lo enumerado en el párrafo anterior son realmente ínfimas. Cuando los números están en tu contra, no alcanza solamente con un coaching excelente en las tres fases del juego, con la ventaja de la localía y ni siquiera con el lujo de tener jugadores de elite en múltiples posiciones.
Para ganar un partido como el que ganaron los Eagles (y varios otros que han ganado esta temporada, como el de la semana pasada contra los Chiefs o el de la Semana 9 vs Dallas Cowboys) se necesita algo más. Desconozco si les pasará a otros periodistas u otros individuos cuya vida laboral depende de hablar sobre deporte, pero, al menos a mí, ese “algo más” me fascina.
Existen distintas formas de tratar lo intangible en el deporte. Algunos lo llaman ´suerte´ y lo descartan sin demasiado esfuerzo. Otros lo llevan al extremo y hablan de ´mística´. Como de costumbre, mi lugar es más bien céntrico.
Lo más entretenido de esta cuestión es que no hay una respuesta correcta. Tomemos como ejemplo el caso de Jake Elliott. Después de un drive perfecto de los Bills, que terminó con un TD de Josh Allen a Gabe Davis, los Eagles necesitaban un gol de campo para empatar.
Un par de jugadas antes de la inminente patada, la transmisión de CBS muestra la siguiente gráfica:
Hay dos posibles reacciones a esta gráfica. Una es la calma y la seguridad de contar con un kicker infalible en los momentos de definición. La otra es el más puro y absoluto pánico, sumado a la sensación de que, después de haber visto esta gráfica, Elliott ha quedado maldecido y errará su próximo field goal.
Bajo la lluvia, el diminuto Elliott salió a la cancha para intentar desde 59 yardas. Este kicker, que ya ganó un Superbowl con esta franquicia (conectando un FG clave en los minutos finales para extender la ventaja de Philly sobre los Pats de Tom Brady a ocho puntos), se paró delante de todos, tomó aire y…
Boom. Qué patada, por favor. Épica.
Ahora, la otra cara de la misma moneda. Minutos después, ya en tiempo extra, Buffalo tiene la pelota y Josh Allen sigue jugando bárbaro. Sin arriesgar de manera innecesaria, lleva a su equipo hasta la yarda 22 de PHI. En 3rd&7, Davis consigue separarse de su marcador, Allen lanza un buen pase flotado al medio y parece que la historia tendrá final feliz para los Bills. Hasta el propio Jim Nantz, en su relato para CBS, se anima a decir “for the win!”… pero Davis corta hacia la esquina en lugar de cortar hacia el centro y el pase es incompleto.
Tyler Bass convierte el gol de campo, pero como ya sabemos a esta altura, no fue suficiente. En el drive siguiente, Jalen Hurts se viste de superhéroe y anota el touchdown que sella la victoria de los Eagles.
¿Cómo se explica? Entre la lluvia y la distancia, el FG que mete Elliott es prácticamente imposible de concretar. A la vez, cuando vemos el pase de Allen y a Davis abierto, la lógica indica que se terminó el partido.
¿Qué habrá ahí adentro, en esa luz que no podemos ver? Qué mueve a ciertos jugadores y ciertos equipos a dar ese % extra, esa inch, como dice Al Pacino en Any Given Sunday.
Quizá sea una combinación de experiencia (la confianza que te da haber hecho la misma acción o una similar previamente) con una creencia muy profunda en uno mismo. En All the Light We Cannot See, los dos personajes principales están marcados por estos atributos. No importa el contexto: por más difícil que parezca, a veces sólo hay que cerrar los ojos y entregarse al momento. La seguimos la próxima semana.