El Super Bowl LX, que vio coronarse a los Seahawks por encima de los Patriots, puso de manifiesto la importancia de arribar en el momento preciso, no antes ni después, a las citas clave.
Cuando refiero lo anterior pienso en tres casos paradigmáticos: Bad Bunny, en primerísimo orden; Sam Darnold, en segunda instancia; y el tándem Mike Vrabel-Drake Maye como colofón.
Me explico. El hecho de que Bad Bunny se haya erigido como una suerte de Simón Bolívar de la hiperrealidad y haya dado un show memorable y reivindicativo durante el medio tiempo del Super Bowl se explica por dos cosas: su madurez como artista y guerrillero pop y, desde luego, el hostil y criminal contexto migratorio que ha abanderado Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump.
Sin esas dos variables, el acto performativo de Bad Bunny, en homenaje a la cultura latina, habría sido engullido, irremediablemente, por los fuegos artificiales. No hay manera de saberlo con certeza, pero es posible sugerir que el Bad Bunny de X 100pre (2018), su primer álbum como solista, se habría vinculado de otra manera con un altavoz mediático condicionado, a su vez, por un contexto totalmente distinto.
En esa misma vía, podemos ubicar a Sam Darnold, alguien más cercano a la descripción de sospechoso habitual que a la de quarterback válido para un equipo campeón de Super Bowl. Después de naufragar con los Jets y los Panthers, Darnold se licenció con Kyle Shanahan en San Francisco y Kevin O’Connel en Minnesota, dos play callers contrastados que han bebido de la misma fuente, antes de recalar en Seattle con Klint Kubiak, otro producto de ese mismo árbol genealógico.
Quizá Darnold no haya encarnado el arquetipo de quarterback franquicia con el que fantasean los gerentes generales, pero era una pieza que, dado el tránsito a nivel conceptual que había tenido previamente, podía encajar con las demandas de un ambicioso proyecto encabezado por Mike Macdonald.
Luego está la dupla conformada por Mike Vrabel y Drake Maye en Nueva Inglaterra, responsables de haber llevado a los Patriots al Super Bowl después de haber firmado una temporada de 4-13 en 2024.
Concediéndoles el mérito por la hazaña, New England no solo tenía menos certezas competitivas que Seattle, sino que era, como mucho, un equipo con talento de Ronda Divisional. Vrabel y Maye merecen todo el respeto y reconocimiento por lo hecho este año, pero sus Patriots, todavía en construcción, se presentaron al Super Bowl como un retador precoz.
Por todo lo anterior, lo ocurrido en Santa Clara no debería ser transmutado en una simple anécdota, más bien en una hoja de ruta para entender de qué se trata el futbol americano y, sobre todo, la vida misma.