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La previa de Wild Card

La Ronda de Wild Card de la NFL siempre funciona como un laboratorio de football americano moderno: partidos sin red, márgenes de error mínimos y decisiones tácticas que pesan tanto como el talento puro. En este contexto, los duelos Jaguars-Bills, Patriots-Chargers y Steelers-Texans ofrecen un mosaico muy rico de estilos, filosofías y, sobre todo, aspiraciones. Más allá de los nombres propios y de la narrativa tradicional, estos enfrentamientos se definen por tensiones tácticas muy concretas, por el choque entre métricas avanzadas y por la capacidad de cada staff para maximizar ventajas específicas en escenarios de alta presión. Es la primera semana de playoffs y la emoción no va a parar hasta el 9 de febrero. Llega el momento de la verdad.

Jacksonville llega a este partido apoyado en una defensa que ha construido su éxito desde la eficiencia situacional más que desde el volumen. Los Jaguars no necesitan estar constantemente en el backfield rival para ser efectivos: su pass rush se caracteriza por un alto porcentaje de presiones convertidas en lanzamientos incómodos, forzando quarterbacks a soltar el balón antes de que los conceptos profundos se desarrollen. En términos de estadísticas avanzadas, Jacksonville destaca por un bajo EPA permitido por dropback, especialmente en terceros downs largos, donde su mezcla de coberturas match y zona disfrazada reduce drásticamente el índice de conversión rival.

El ataque de los Jaguars, por su parte, ha sido diseñado para minimizar la volatilidad. No es un sistema que busque explosividad constante, sino eficiencia sostenida. El uso intensivo de play action en primeros downs, incluso sin un volumen de carrera dominante, ha elevado el EPA por jugada en situaciones neutrales. Jacksonville entiende que contra Buffalo no puede regalar posesiones ni exponerse a intercambios de golpes ofensivos. Su plan pasa por alargar drives, mantener la defensa fresca y limitar las oportunidades de campo corto para los Bills. Aquí entra el extraordinario momento de forma de su quarterback. Estamos viendo al mejor Trevor Lawrence desde que llegó a los profesionales, y eso es algo que aumenta mucho las posibilidades de hacer algo grande en enero. Liam Cohen le ha dado a su quarterback un esquema que explota sus virtudes y le da confianza para sacar todo su repertorio. Los conceptos Hi-Lo, Dagger o Flood exponen defensas y le dan a Lawrence objetivos ideales en el segundo nivel para ir moviendo cadenas. Parker Washington está siendo la sorpresa agradable de estos Jaguars en ataque y su química con Lawrence cada vez va más allá, pudiendo decir que es el receptor favorito del quarterback por el volumen de balón que ve.

En la secuencia de arriba, vemos a Parker Washington (verde) y a Tim Patrick (rojo) alineados a la izquierda de la ofensiva. Cuando se inicia el snap, los dos safeties rotan y la defensa cambia de tener a dos hombres en la zona profunda a solo uno. Esto es lo que está leyendo Lawrence desde que tiene el ovoide en las manos. Patrick va a jugar una ruta vertical para congelar al safety profundo y estirar a la defensa, creando espacio a la espalda de los linebackers para la ruta interior de Washington. Lawrence manipula con los ojos al safety y completa el pase con su receptor para una gran ganancia de yardas.

Buffalo, en cambio, vive en la frontera entre el caos controlado y la genialidad improvisada. Su ataque es uno de los más agresivos de la liga en early downs, con una tasa de pases en primeros y segundos downs que supera la media, y con un énfasis claro en rutas intermedias y profundas fuera de los números. Desde el punto de vista analítico, los Bills se sostienen sobre un EPA por pase muy alto, pero acompañado de una varianza considerable. Cuando el timing fluye, el ataque de Buffalo puede destrozar cualquier cobertura; cuando se rompe, aparecen sacks evitables y pérdidas de balón garrafales. El problema principal reside en la calidad del cuerpo de receptores. Brandin Cooks aparece como un arma fundamental para estirar el campo verticalmente, lo que le da Allen más opciones de encontrar pases en zonas medias, pero el equipo necesita de mas hombres para que el juego aéreo sea sostenido sin tener que ser un constante riesgo para su quarterback. Aún así, si los Bills quieren dominar este partido y pasar a la Ronda Divisional, necesitarán un gran encuentro de James Cook, como viene siendo habitual en las victorias de los de Sean McDermott.

La clave táctica de este partido está en cómo Jacksonville logre forzar a Buffalo a jugar en espacios reducidos. Los Jaguars son particularmente fuertes defendiendo el centro del campo, lo que obliga a los Bills a vivir en el perímetro. Esto incrementa la dificultad de completar pases de alto valor esperado, ya que los lanzamientos exteriores suelen tener menor EPA y mayor dependencia de la precisión milimétrica. Si Jacksonville consigue mantener a Buffalo en terceros downs largos y evitar que Josh Allen extienda jugadas con las piernas, el partido puede girar a su favor rápidamente.

Defensivamente, Buffalo enfrenta un dilema interesante. Su esquema suele priorizar la contención y la reducción de jugadas explosivas, aceptando concesiones cortas. Contra Jacksonville, ese enfoque puede ser peligroso si permite drives de doce o trece jugadas que consumen reloj y energía de tus jugadores defensivos. Las métricas de éxito de Jacksonville en red zone, especialmente en términos de touchdown rate frente a field goals, serán determinantes. Un partido cerrado favorece a los Jaguars; un duelo abierto y de ritmo alto inclina la balanza hacia los Bills por tener entre sus filas a ese extraterrestre llamado Josh Allen.

El Patriots-Chargers, en contraste al anterior, es un duelo de ajedrez puro. Dos equipos que entienden el juego desde la estructura, el estudio del rival y la explotación quirúrgica de debilidades específicas. New England llega a la Wild Card como tantas veces en el pasado: sin ser necesariamente el equipo más espectacular, pero sí uno de los más adaptables a su rival. Su gran fortaleza reside en la capacidad de ajustarse semana a semana, algo que se refleja en métricas como el success rate ofensivo, que suele mantenerse estable independientemente del rival.

El ataque de los Patriots se construye desde la versatilidad formacional y el uso del personal como herramienta de manipulación defensiva, algo que, Josh McDaniels, ha hecho durante toda su carrera como coordinador ofensivo. A nivel avanzado, destaca su eficiencia en pases cortos y rápidos, con un “tiempo de lanzamiento” bajo y un EPA positivo incluso en situaciones obvias de pase. Esto reduce la exposición de la línea ofensiva y neutraliza pass rushes agresivos, un factor clave frente a unos Chargers que generan presión de manera consistente sin necesidad de blitz. Sin embargo, Drake Maye le ha dado a este equipo un juego vertical muy poderoso a pesar de no contar con mucha calidad en el exterior. Su juego dentro del pocket es excepcional e increíble para alguien tan joven. Es capaz de navegar ahí dentro el tiempo suficiente como para que el receptor genere separación y pueda completar el lanzamiento. No hay pase que el joven quarterback no pueda dar.

Los Chargers, por su parte, representan una versión moderna del ataque vertical equilibrado. Su ofensiva combina conceptos profundos con un juego de pases intermedios que castiga linebackers lentos y safeties indecisos. Desde el punto de vista estadístico, Los Ángeles suele situarse entre los mejores equipos en EPA por jugada en terceros downs, una señal clara de la capacidad de Justin Herbert para ejecutar bajo presión, a pesar de contar con, probablemente, la peor línea ofensiva de toda la competición. Sin embargo, esa eficiencia a veces viene acompañada de una dependencia excesiva del brazo del quarterback, lo que puede convertirse en un problema contra defensas que saben disfrazar coberturas como la de New England, que además cuenta con la vuelta de su fichaje estrella en la pasada Agencia Libre: Milton Williams.

Arriba vemos una acción dominante de Williams. Sale muy explosivo al snap y usa muy bien sus manos para generarse espacio y abrirse el camino hasta el quarterback rival, consiguiendo el sack y la pérdida de yardas por parte del ataque. Fuerza en el tren superior y potencia y velocidad en el inferior para un jugador que debe ser importante en estos playoffs para su equipo.

La batalla clave aquí está en el centro del campo. Los Patriots son expertos en eliminar la primera opción del quarterback rival y obligarlo a progresar hacia lecturas secundarias. Si New England consigue limitar los pases cruzados y las rutas option que tanto daño hacen a las defensas zonales, el ataque de los Chargers puede estancarse porque la presión a Herbert va a llegar. Omarion Hampton seguirá siendo básico para quitar presión a su pasador, aunque en el juego terrestre también se ven las carencias de la línea ofensiva. Además, los Patriots suelen ser uno de los equipos más disciplinados en términos de penalizaciones defensivas, algo que reduce las oportunidades de yardas gratis para un rival que vive de mantener drives en el filo del precipicio.

En defensa, los Chargers enfrentan el reto de no caer en la trampa de la paciencia. New England no necesita grandes jugadas; necesita errores. Aceptar checkdowns constantes puede parecer una victoria defensiva, pero si esos pases mantienen un success rate alto y evitan terceros downs largos, el plan se vuelve contraproducente. Las métricas de expected points permitidos por drive muestran que los Chargers sufren cuando no logran generar pérdidas de balón, algo que los Patriots históricamente saben evitar mejor que nadie.

Este enfrentamiento marca un duelo entre dos de los mejores quarterbacks de toda la competición, pero también es un encuentro donde las defensas pueden mandar durante gran parte del tiempo. Maye y Herbert necesitan limitar errores y aprovechar las pocas oportunidades que les dará su rival para subir puntos al marcador. Quizás no sea el duelo más sexy de este largo fin de semana, pero, sin duda, nos dejará momentos especiales y un equipo durísimo de vencer en la siguiente ronda.

El Steelers-Texans es, quizás, el partido más impredecible de los tres. Dos equipos con identidades claras pero con una volatilidad que los hace peligrosos y vulnerables a partes iguales. Pittsburgh llega apoyado en una defensa agresiva, construida sobre la presión constante y la creación de jugadas negativas e incluso con la capacidad innata para conseguir turnovers. Su tasa de sacks por dropback y su porcentaje de presiones sin blitz los sitúan entre las defensas más disruptivas de la liga. Sin embargo, su secundaria sigue cometiendo errores de asignación y concentración que los vuelve muy vulnerables en momentos importantes de los partidos. La semana pasada, su último cuarto es uno de los mejores ejemplos que se pueden dar. Desde una perspectiva analítica, los Steelers viven del diferencial de jugadas de alto impacto: sacks, turnovers y tackles para pérdida de yardas.

El problema para Pittsburgh es que esa agresividad puede ser explotada por ataques capaces de castigar la presión con pases rápidos y movimiento del pocket. Houston, cuando ejecuta bien, es uno de esos equipos. Su ofensiva se basa en estirar el campo horizontalmente para luego atacar verticalmente en momentos clave. Las estadísticas avanzadas muestran que los Texans tienen un EPA por pase profundo superior a la media, aunque con una tasa de intentos relativamente baja. No necesitan lanzar profundo constantemente; necesitan hacerlo en el momento justo. Ahí es donde CJ Stroud se muestra más peligroso. Además de Nico Collins, Stroud empieza a ser más constante en los lanzamientos a Higgins y Noel en el segundo y tercer nivel. Texans no es un equipo que vaya a tener mucho ritmo en ataque, pero puede generar dos o tres big plays que le den ventaja en el marcador y dejar el resto del trabajo a su defensa.

En la imagen anterior vemos a los Jaguars con dos receptores al lado izquierdo del ataque: Higgins (verde) y Collins (rojo). La defensa está en Cover-0 y esto lo aprovecha Stroud para buscar la zona profunda. La ruta cruzada de Collins arrastra al safety y Higgins lo aprovecha para, con un fantástico corte, generar separación y atrapar el gran balón lanzado por su quarterback. La zancada poderosa de Higgins es un peligro para los cornerbacks cuando están en hombre a hombre contra él. Con la protección adecuada para Stroud, los Texans pueden encontrar situaciones así frente a los Steelers.

La clave ofensiva para Houston está en la protección. Si la línea ofensiva logra mantener un pocket limpio en primeros downs, el ataque puede adelantarse en el marcador y evitar situaciones obvias de pase donde la defensa de Pittsburgh se vuelve letal. Los Texans han mostrado mejores números de success rate cuando usan motion pre-snap, una herramienta que puede ayudar a identificar coberturas y ralentizar el pass rush.

Del lado contrario, el ataque de Pittsburgh se enfrenta a una defensa de Houston que ha sido absolutamente dominante a lo largo de toda la temporada. Los Texans no siempre dominan en eficiencia por jugada, pero suelen mejorar en situaciones de alta presión, especialmente en red zone. Esto se refleja en un EPA defensivo más favorable dentro de las veinte yardas, donde su esquema se vuelve más conservador pero efectivo. Para Pittsburgh, la clave es no conformarse con field goals. Un partido de playoffs rara vez se gana dejando puntos en el campo.

Tácticamente, Pittsburgh necesita equilibrar mejor su ataque. Cuando el juego se vuelve unidimensional, su EPA ofensivo cae de forma significativa. El uso del juego terrestre no tiene que ser dominante en yardas, pero sí funcional en términos de success rate, obligando a Houston a respetar el play action. Si los Steelers consiguen establecer ese equilibrio, pueden explotar emparejamientos favorables en el juego aéreo intermedio. Una vez que Aaron Rodgers empieza a mantener a la defensa rival más “honesta”, el veterano quarterback termina encontrando receptores a la espalda de los linebackers, especialmente entre los hashmarks. Si el juego de carrera no funciona y se limitan a pases horizontales, la ofensiva de los Steelers no va a poder mantener un ritmo anotador suficientemente alto como para ganar el duelo.

Demeco Ryan ha construido un esquema defensivo donde su front-7 da miedo. Al pass-rush se le suma un cuerpo de linebackers que vuelan por la zona media, evitando las yardas después de la recepción, algo que es básico en su rival de este lunes. En el momento en el que la línea defensiva se imponga a la línea ofensiva del equipo local, las posibilidades de salir victoriosos del choque aumentarán exponencialmente.

En playoffs, los partidos rara vez se deciden por una sola jugada, pero casi siempre se inclinan por una acumulación de pequeñas ventajas. Un tercer down convertido, una cobertura bien disfrazada, un ajuste en el descanso. El Jaguars-Bills puede definirse por la paciencia y el control del tempo, el Patriots-Chargers por la precisión estratégica y la ejecución situacional y el Steelers-Texans por la capacidad de gestionar el caos sin perder identidad. En esa intersección entre táctica, estadística y carácter se escribe, una vez más, la narrativa implacable de los playoffs de la NFL.