Las finales de conferencia es la última oportunidad para llegar al gran partido. A estas alturas de la temporada, los márgenes son tan estrechos que la diferencia entre avanzar o quedar eliminado suele encontrarse en detalles estructurales: una protección mal ajustada, una tendencia ofensiva demasiado predecible o una defensa incapaz de sostener su plan base cuando el rival elimina su primera lectura. Los duelos entre Broncos y Patriots en la AFC y Seahawks frente a Rams en la NFC ofrecen dos enfrentamientos que, desde un punto de vista analítico, giran alrededor de cómo cada equipo responde cuando su ventaja principal es neutralizada. Este domingo, llega el momento de la verdad para estas cuatro franquicias.
El partido de la Conferencia Americana enfrenta a una ofensiva de Denver diseñada para estresar defensas vertical y horizontalmente contra una defensa de New England construida para obligar al ataque rival a ejecutar con paciencia y precisión. Desde el punto de vista de la cinta, el ataque de los Broncos se caracteriza por un uso intensivo de shotgun, formaciones abiertas y play action en situaciones neutrales. No es un ataque que viva de la carrera tradicional, sino de la amenaza de esta para manipular a los linebackers y crear ventanas en la zona intermedia.
Analíticamente, Denver es uno de los equipos con mayor EPA por dropback en primeros downs, pero su tasa de éxito es más irregular. Esto se refleja claramente en el tipo de jugadas que llaman: conceptos de ruta que priorizan el spacing y la generación de uno contra uno favorables, incluso si eso implica lecturas más complejas para el quarterback. Esto se traduce en un pasador dispuesto a lanzar antes de que el receptor esté completamente abierto, confiando en el timing y en su brazo. Sin embargo, Sean Payton va a tener que rediseñar su ataque para un momento tan delicado como este. Su quarterback titular, Bo Nix, no va a jugar más esta temporada y todo este engranaje ofensivo será dirigido por Jarrett Stidham, quien no ha lanzado un pase, en un partido oficial, en todo el curso. Esa ofensiva es, ahora mismo, un misterio de cara al encuentro con más transcendencia para el equipo desde la Super Bowl 50.
Los Patriots han sido uno de los equipos más disciplinados de la temporada en términos de estructura defensiva. Su capacidad para presentar looks similares pre-snap y rotar coberturas después del snap complica enormemente la vida a quarterbacks agresivos. La defensa de New England destaca por reducir el porcentaje de pases lanzados a la primera lectura del quarterback, forzando progresiones más largas y aumentando el tiempo de procesamiento, lo que conlleva a que la línea defensiva pueda generar presión. Milton Williams y Barmore por dentro son un dolor de muelas para los bloqueadores, y provocan que Chaisson, Leandro o Jennings puedan golpear al quarterback por fuera.
El emparejamiento clave aquí está en el centro del campo. Denver genera una parte significativa de su producción atacando las ventanas entre linebackers y safeties, especialmente en conceptos de play action con rutas dig y over. New England suele ceder recepciones cortas, pero su manera de placar y su disciplina en defensas zonales limitan el daño tras la recepción. En términos de YAC permitido por objetivo, los Patriots se sitúan entre los mejores de la liga, lo que va a obligar a Denver a encadenar ejecuciones limpias en lugar de vivir de una o dos jugadas explosivas, y hacerlo con un pasador suplente. Mike Vrabel ha conseguido imprimir a su defensa su sello característico como entrenador, pero también como jugador.
Cuando los Patriots tienen el balón, el análisis se desplaza hacia la eficiencia situacional. Su ofensiva no impresiona en métricas brutas, pero en la cinta aparece como una unidad extremadamente consciente del contexto. En terceros downs, utilizan conceptos de ruta diseñados para atacar el leverage del defensor más que para ganar separación pura. Esto se refleja en una tasa de conversión alta incluso en terceros downs largos, y en un EPA por jugada en situaciones de alta palanca claramente positivo.
La defensa de Denver es más dependiente del pass rush que de la cobertura. Su front four es capaz de generar presión sin blitz, pero cuando no lo logra, las coberturas hombre a hombre pueden quedar expuestas. New England es especialmente peligroso contra este tipo de defensas, porque Drake Maye procesa rápido y no necesita que la jugada se desarrolle durante mucho tiempo. En el tape, se observa una tendencia clara a identificar al defensor más vulnerable y atacarlo repetidamente hasta forzar un ajuste. Boutte, Douglas o Diggs son muy seguros en balones en tráfico, lo que le da más amenaza a ese ataque. En sus primeros playoffs, Maye ha demostrado estar a la altura de lo que nos ha ido mostrando durante la temporada regular y volverá a tener que echarse el equipo a la espalda como lo hizo frente a los Houston Texans si quieren llegar a San Francisco.
En esta imagen de aquí arriba, vamos a ver lo bien que lee el campo Drake Maye y cómo ejecuta esa lectura. Antes del snap, Douglas hace un motion para cambiar de lado. Lo único que provoca este desplazamiento es que Pitre se abra un poco más hacia su izquierda. Sin embargo, Maye está leyendo otro movimiento que se está produciendo en ese mismo momento. Por detrás de Pitre, Bullock, el otro safety, se coloca en línea con su compañero, dejando toda la zona profunda vacía. Cuando esto sucede, la probabilidad de que haya un blitz aumenta, y es lo que Maye reconoce. Se inicia la jugada y Pitre juega el blitz, quedándose Bullock en hombre a hombre con Douglas. La defensa de Texans es Cover 0, es decir, es una defensa individual sin nadie en la retaguardia. Douglas juega una slant muy explosiva y Maye pone el balón en el sitio exacto para que el defensor no llegue. Una vez hecha la recepción, Douglas tiene todo el campo para llegar a la end zone y anotar.
El partido de la AFC, visto desde un enfoque analítico puro, se decide en la relación entre explosividad y control del error. Denver tiene ventaja en términos de techo defensivo, pero New England maximiza su probabilidad de victoria si es capaz de hacer que Stidham sufra en su única titularidad del año. Si los Broncos no convierten sus oportunidades explosivas en touchdowns y permiten que el partido se mantenga en márgenes estrechos, la estructura de los Patriots ganará valor con cada drive adicional y tendrá su oportunidad de arrebatarle el partido a los chicos de Sean Payton.
En la NFC, el enfrentamiento entre Seahawks y Rams es un estudio sobre cómo atacar y defender el espacio. Seattle llega con una ofensiva construida alrededor de la eficiencia en pases profundos y la capacidad de Sam Darnold para extender jugadas fuera de estructura. Desde el tape, es evidente que los Seahawks diseñan su ataque para generar conflictos verticales en la defensa, utilizando play action y motion para congelar a los safeties y abrir ventanas en el perímetro.
Desde una perspectiva analítica, Seattle se sitúa entre los equipos con mayor EPA por intento en pases de más de 20 yardas, pero su eficiencia cae notablemente cuando se ve obligado a lanzar rápido en conceptos cortos. Esto convierte al pass rush rival en un factor crítico. Los Rams, defensivamente, están construidos precisamente para atacar ese punto. Su capacidad para generar presión rápida desde el interior sin comprometer la cobertura profunda es uno de los rasgos más consistentes de su tape. Los Angeles reduce el tiempo de lanzar del quarterback rival a uno de los valores más bajos de la liga, lo que limita la viabilidad de rutas largas y obliga al ataque a vivir en el juego corto. Contra Seattle, esto no solo afecta a la producción ofensiva, sino también a la estructura mental del ataque. Cuando los Seahawks no pueden estirar el campo, su playbook se reduce y su eficiencia global cae. Con la baja de Charbonnet, Walker va a tener que multiplicarse para hacer que el juego de carrera pueda cerrar la caja y abrir ese espacio profundo en el juego aéreo. Si Seattle no puede correr, va a sufrir contra la defensa de Rams.
Con el balón, los Rams representan casi el espejo opuesto. Su ofensiva es una de las más estructuradas de la liga, con un uso sistemático de motion pre-snap para identificar coberturas y crear ventajas antes incluso de que se ejecute la jugada. En la cinta, es evidente cómo fuerzan a la defensa a declararse, lo que simplifica las lecturas del quarterback y aumenta la eficiencia en primeros downs. Puka Nacua puede alinear en cualquier spot y su rendimiento será más importante que nunca frente a una defensa que busca el error de lectura del quarterback para darle tiempo a su pass-rush a llegar. McVay intentará usar a su mejor hombre para encontrar espacios en una secundaria que se mueve muy bien tras el snap.
En la situación de arriba, vemos a Nacua moverse antes del snap. Esto provoca una reacción en la defensa, la cual pasa de tener un safety profundo a dos, dándole a Stafford una visión más clara de lo que tiene delante. Se inicia la jugada y Nacua lee al linebacker para saber cómo atacarlo. El tight end arrastra a dos defensores con su ruta vertical y el running back sale al lado contrario para congelar al otro linebacker. Con esas dos rutas, McVay ha aislado a Nacua contra el linebacker, mucho más lento que él. Stafford lanza y Nacua, además de la recepción, puede ganar yardas extras para conseguir el primer down.
Analíticamente, los Rams destacan por su tasa de éxito y por su capacidad para sostener drives largos. No dependen de la jugada explosiva, sino de una acumulación constante de valor. Su EPA por jugada no siempre es espectacular, pero su EPA por drive es alto, lo que refleja una ofensiva que convierte posesiones en puntos con regularidad. Esto tiene un impacto directo en el ritmo del partido y en el desgaste de la defensa rival.
Seattle, defensivamente, presenta un perfil más conservador. Su esquema prioriza evitar el big play, pero concede espacio en la zona intermedia. Los Rams han sido particularmente eficientes atacando ese rango, utilizando rutas cruzadas y conceptos que explotan la disciplina de zona de los linebackers. La pregunta clave es si Seattle puede generar jugadas negativas en primeros downs para sacar a Los Angeles de su guión ofensivo.
En términos de análisis puro, este partido se define por la eficiencia en situaciones neutrales y por la capacidad de cada equipo para imponer su estructura preferida. Seattle necesita que su explosividad marque diferencias reales en el marcador, porque su margen de error es menor si el partido se convierte en una sucesión de drives largos y controlados. Los Rams, en cambio, se sienten cómodos en partidos de posesiones limitadas, donde cada drive tiene un valor elevado.
Ambas finales, observadas desde un prisma de scouting y analítica avanzada, refuerzan una idea central de la NFL moderna. No gana necesariamente el equipo con más talento ni el que genera las jugadas más espectaculares, sino aquel cuya estructura resiste mejor cuando el rival elimina su primera opción. Broncos y Rams ofrecen un techo más alto, pero Patriots y Seahawks presentan un suelo más estable.
En un entorno como el de las finales de conferencia, donde la muestra es de un solo partido y cada decisión tiene un impacto medible en la probabilidad de victoria, esa diferencia entre techo y suelo se convierte en el eje del análisis. Y es ahí, más que en los highlights o en las narrativas, donde se decide quién da el último paso hacia la Super Bowl.