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Dejé mi corazón en San Francisco

Me han dejado solo y he sido olvidado en Manhattan, canta Tony Bennett poquito antes de establecer que volver a casa no implica otra cosa sino regresar a San Francisco. El duelo máximo en la NFL retorna a la bahía después de diez años: ahí donde a Coldplay le endilgaron el espectáculo de medio tiempo que se comerían minutos después Bruno Mars y Beyoncé; donde los Broncos de Denver alzaron su último campeonato derrotando a las Panteras de Carolina en un partido donde Von Miller se erigió como jugador más valioso. La vida es cíclica. El área de la bahía californiana es lo que tardaron cerca de cuatro temporadas en confesar los personajes de Mad Men como un anhelo constante, hartos de la neurosis neoyorquina.

California, con sus regiones vinícolas, pueblos icónicos y parques nacionales que enamoraron a Jack Kerouac y lo obligaron a hacer del camino, el trayecto, el protagonista de su gran novela, es, tal vez, el escenario idílico para un duelo definitorio cuyo sentido ya no puede ser otro más allá que el de prometer la eternidad. Drake Maye y Sam Darnold saltarán a la cancha del Levi’s Stadium con esa ansia de ser eternos; buscando emular a los exploradores que hace casi doscientos años hallaron oro por vez primera en el Parque Estatal Marshall, en Coloma, a escasos kilómetros del inmueble.

Sam Darnold nació en Capistrano Beach, a mitad de camino entre Los Ángeles y San Diego. La costa californiana, mitificada por bandas como The Grateful Dead o Jefferson Airplane desde la época de los sesenta y que se ha consagrado como la gran meca del surf en Norteamérica a través de la mítica zona de Streamer Lane y el muy turístico Santa Cruz Surfing Museum, guarda consigo una manera muy especial de entender la vida. Darnold creció bajo el sol; anclado al verano perpetuo. El quarterback, egresado de USC, fue drafteado como primer pick por los Jets de Nueva York; volvemos al inicio, a la frase de Tony Bennett. Dejó California por Manhattan; fue vitoreado, señalado y relegado, en ese orden. Los Jets buscaron afincar en él la terca esperanza de un promisorio futuro que se desdibuja año con año a la orilla del Río Hudson. Darnold salió en 2021 con destino a Carolina, donde compartió la titularidad con Cam Newton y la perdió en 2022 frente a Baker Mayfield. En 2023 lo ficharon los 49ers como mero suplente de Brock Purdy. Tras un año en el ostracismo, firmó con los Minnesota Vikings para convertirse en mentor y ejemplo del aparente futuro de la franquicia: JJ McCarthy. La temporada de su vida llegó a ocho años de su debut, en Seattle. Su momento llegó, cómo no, en el oeste del país, habiendo cambiado solamente el sol por la lluvia.

Todo cierra: Sam Darnold volverá a California para gestar su leyenda ante los Patriotas de Nueva Inglaterra. Tom Brady, máxima leyenda del equipo bostoniano, probablemente cambiaría todos y cada uno de los anillos que consiguió con tal de ser parte del encuentro. Brady nació en San Mateo, en la maravillosa zona periférica que rodea a San Francisco. Creció, dicen los que saben, como irredento aficionado de los 49ers; la vida, luego, lo llevaría a cambiar California por el frío de Boston y las pantanosas lluvias características de Florida en Tampa Bay. Brady derrotó al juego: ganó siete campeonatos y dejó a las franquicias más ganadoras de todos los tiempos, los Steelers y los Patriotas, en seis. Es más grande que el fútbol americano en sí, podríamos pensar. Pero nunca ganó en casa. Los Patriotas podrían empatar de nuevo la marca; podrían hacerlo en casa de Tom Brady. Drake Maye, llamado a ser el gran heredero en los controles del equipo, podría otorgarle ese extraño homenaje al hombre que consiguió todo con su franquicia.

El Levi’s Stadium carga consigo gran parte de la historia de California. Levi’s, esa marca de ropa que solía destinarse y ser reconocida como parte de la cultura obrera -camisas de franela; mezclilla resistente- se convirtió pronto en el sello identitario de un estado que parecía existir lejos de la lógica capitalista de los Estados Unidos. California, tierra de la paz y el amor, el jazz y la psicodelia, convirtió el uso del pantalón de mezclilla en un sello de libertad, rebeldía e informalidad. California encumbró a James Dean y después a Dennis Hopper y Peter Fonda, todos motociclistas, todos ataviados de mezclilla, como sus grandes símbolos. En California siempre se buscó otra cosa; se pensó que la vida, ese extraño sinsentido, debía tener algo más tras el telón. Lo arruinamos, dice Hopper al final de Easy Rider, película que redefinió a Hollywood en 1969, cuando nota que no encontró absolutamente nada de lo que estaba buscando -sin haber sabido nunca, por supuesto, qué estaba buscando-. En el Levi’s Stadium se condensa el pasado de un estado que siempre intentó ver más allá de lo aparente; quedarse a los créditos de la película. Como Brady cuando derrotó al fútbol. Como Darnold cuando supo que su gran redención se entendía a través de la vuelta a casa. Como Tony Bennett cuando cantó en 1962, sin saberlo, la gesta que Darnold protagonizaría 64 años después.

El área de San Francisco presume su Parque de Secuoyas, con imponentes árboles que, se estima, pueden llegar a los 2,500 años de vida. Una eternidad comparable a la que buscarán alcanzar este domingo tanto Patriots como Seahawks.

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