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El viaje al espacio de Joshua Dobbs

Es difícil vencer a un hombre que se niega a rendirse. Una suerte de fenómeno karmático me tuvo de vuelta en Arizona. Y aunque el objetivo del viaje no era ese, genuinamente me emocionaba poder ver a Joshua Dobbs, que ayer subió esas palabras a su IG. No es una declaración oportunista. Aquí está escrito en mi columna del 27 de octubre. No alcanzaba a definir qué, pero había algo que encontraba fascinante en la historia de Dobbs. Elegido en el Draft de 2017 por los Steelers, había pasado 7 años fuera del radar, lanzando apenas 50 pases exactamente en la NFL, cuando un golpe de destino lo llevó a los Cardinals, de la mano de Jonathan Gannon, ex DC de los Philadelphia Eagles. Desde ahí se ha generado una esfera a lo Katamari Damacy que era imposible de prever.

Diversas situaciones, que escapan al objetivo de este texto, le colocaron como el QB1 de los Cardinals al comienzo de la campaña. Kyler Murray en la lista PUP (Physically Unable to Perform) y Colt McCoy, que parecía la apuesta natural, cortado. No le bastó eso a Dobbs. Se le ocurrió la fantástica idea de ir a la tienda de los Arizona Cardinals y tratar de personalizar un jersey con su número y nombre. No estaba en la lista. Del 7 se saltaba directamente al 13. Nada de "9 DOBBS". Millones de personas vieron este momento en TikTok.

Hasta ese momento era bastante activo en esa red social, pero su cuenta no estaba llena de highlights como la de muchas estrellas que juegan domingo a domingo. Tampoco campañas publicitarias. Diría que la mitad de sus videos se centran en el proceso (lo cuál sería importante más adelante, sin que él lo supiera) y en la otra mitad le vemos jugando golf. Sí, golf. Dobbs tuvo un arranque de campaña muy interesante. Le alcanzó solo para un triunfo, pero hay que considerar que no estaba rodeado de mucho talento. Y encima De'Andre Hopkins había sido enviado a los Titans. Aún con todo eso en cuenta, ya empezaba a atraer algunas miradas, imposible saber cuántas serían ahora. Basta escribir su apellido en el buscador.

El fenómeno karmático me tenía en el estadio de la Universidad de Phoenix listo para verle. Bajamos al campo antes del juego, pero no le pudimos ver tan cerca. Estaba casi a mitad del campo, lanzando. Hasta Kyler Murray pasó caminando en la línea lateral, buscando los reflectores a los que está acostumbrado. La noche anterior habíamos visto a los Phoenix Suns abrir la temporada en casa de forma dominante contra el Jazz. Los Diamondbacks jugaban en casa al día siguiente. Pero a mí me tenía intrigado ver el desempeño de Josh. El partido era un imposible contra unos Baltimore Ravens que lucen como uno de los más fuertes en la AFC. Venían de aplastar a los Lions. Esta semana arrollaron a los Seahawks. Naturalmente vencieron 31-24 a los Cardinals. Pero Dobbs los tuvo ahí. Por momentos los tuvo ahí. Y el destino dio un giro. Unos minutos antes, una desafortunada lesión ponía fin a la temporada de Kirk Cousins con los Vikings.

Los Vikings apostaron por Dobbs. Se despidió de Arizona dejándolo libre para Kyler Murray y se apresuró para llegar con su nuevo equipo. No pudo entrenar con ellos. Ni siquiera conocía el nombre de algunos. El plan era que esta semana arrancara Jaren Hall. Pero, si hemos entendido algo sobre el destino en toda esta historia, a veces no sirve de nada tener un plan. Dobbs había practicado un poco sobre su cadencia con el centro antes del inicio del juego. Una simple precaución.

Y entonces Hall salió conmocionado en el primer cuarto y Joshua tuvo que entrar a enfrentar a los Falcons. No se puede ir en contra de un momento canónico. Enfrentaba a unos Falcons que pasaban de Ridder y volvían a nombrar titular a Taylor Heinicke. Dobbs por fin tuvo su momento de gloria. Una carrera épica con 51 segundos para mantener las esperanzas vivas.

Un envío que conectó con Brandon Powell en la zona de TD. Probablemente el resto sea para él un poco borroso. Todos enloquecieron. La enorme bola alcanzó su tamaño máximo y vivió a todo color lo que seguro repitió una y otra vez en su mente. Lo recibieron en el vestidor, esta vez, como un héroe. No como el chaval anónimo que hace un TikTok sobre su campo de entrenamiento. No como el suplente que tiene algunos highlights de sus últimos 7 años. Lo recibieron como el hombre que ha vuelto del espacio.

Porque, encima de todo lo que ha vivido, Dobbs es ingeniero aeroespacial e hizo un internship de un mes en la NASA, que ayer le felicitaba jugando con rock y rocket, hablando de lo genial que es dentro y fuera del campo. Un cohete. Le pusieron un apodo: Passtronauta. El traje le queda. Un hombre del espacio. Ya pueden encontrar su jersey en la tienda de los Minnesota Vikings.