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Mundo NFL | Sitio oficial de la NFL en español

Diario de un partido de la NFL en Frankfurt

Empiezo a escribir estas líneas sentado en el aeropuerto, apenas unas horas después de un Chiefs-Dolphins que no ha sido un partido internacional más de la NFL. La sensación durante todo el fin de semana, el ambiente, tanto en las calles de la ciudad como en la grada del Deutsche Bank Park –un estadio precioso situado en medio de un bosque–, nos ha dejado un sabor de boca inmejorable a todos los que hemos tenido la suerte de formar parte de alguna manera de un día que sabemos fue diferente y un punto de inflexión.

Desde que aterrizamos en Frankfurt, desde que empezamos a caminar por el centro de la ciudad, la certeza era grande: la NFL había tomado esas calles. Pasearas por donde fuera, todo eran camisetas de juego de la liga que por primera vez jugaría en esa ciudad. Por supuesto en la NFL Experience, la zona que la NFL habilita para los fans en todas las ciudades en las que desembarca con su circo, pero también el resto de barrios. No había un pub, una terraza o un restaurante sin camisetas NFL. De muchos equipos, sí, pero especialmente de los Kansas City Chiefs. Esta ha sido una de las primeras primeras pequeñas diferencias que se han hecho patentes: en esta ocasión quedaba claro días antes del partido cuál era el equipo local. Los aficionados de los Chiefs han sido mayoría en todo momento. Aficionados llegados desde toda Europa, pero también en buena parte desde Kansas City y otras ciudades de los estados de Missouri y Kansas.

Cuando el sábado nos sentamos a comer los equipos encargados de retransmitir en Game Pass para España, Latino América y Brasil en un restaurante típico alemán, al que nos llevó el maravilloso Fernando Kallás, que ya lo conocía de una visita anterior y que por supuesto fue todo un acierto; cuando ya nos disponíamos a pedir, un nutrido grupo de aficionados Chiefs nos pidieron compartir la mesa alargada de la que los periodistas ocupábamos menos de la mitad. Ese grupo resultó ser la familia Euston, los hermanos John y Andrew, sus respectivas mujeres y la hija del primero –su segunda hija no les acompañaba en la comida porque es miembro del cuerpo de animadoras de los Chiefs y tenían ensayo en el estadio–. Los Euston acaban de llegar de las afueras de Kansas City, donde todos son fieles parroquianos de Arrowhead, donde nunca faltan a un partido. De hecho, nos explicaron que todos los 'ticket holders' de Arrowhead (todos los que tienen abono de temporada para ver a los Chiefs) tenían derecho a entradas para este partido en Frankfurt por el módico precio de 250 dólares (seguro que menos de lo que mucho aficionados europeos pagaron por su entrada).

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La visión que esta familia nos ofreció no solo del equipo sino de la idiosincrasia que en la ciudad y la región se ha construido en torno al equipo fue un auténtico regalo. Nos comentaban que la semana anterior a este partido varios jugadores de los Chiefs acudieron a un partido de instituto en el que el hijo de Matt Nagy jugaba como Quarterback contra el hijo del entrenador de Defensive Backs David Merrit, que jugaba en defensa, por lo tanto jugaban directamente el uno contra el otro. Al terminar el encuentro, que los jugadores de los Chiefs presenciaron en la grada mezclados con el resto de aficionados, John nos contaba que Trent McDuffie y George Karlaftis bajaron al césped para charlar con los jugadores y darles algunos consejos. Y que por ese tipo de gestos los Chiefs son tan queridos por toda la comunidad de Kansas City.

De hecho, nos contaban que en una ciudad de apenas medio millón de habitantes, superestrellas como Mahomes y Kelce pueden moverse con libertad y hacer vida normal, ir a la compra a un supermercado o al cine, porque la gente respeta su espacio y nos molesta en el día a día, les permiten ser 'personas normales' y eso facilita mucho la vida para deportistas profesionales que otra circunstancia no podría salir a la calle sin ser parados cada dos pasos.

La charla con los Euston se dilató durante toda la comida, fueron varias horas de hablando de fútbol americano pero también de todo lo que le rodea, de tradiciones y de una manera de ser del Medio Oeste americano de la que se sienten muy orgullosos. Salimos de allí con una firme invitación a visitarlos en Missouri, con entradas para Arrowhead y barbacoa previa la noche antes incluida. Una propuesta difícil de rechazar, habrá que mirar el calendario para la próxima temporada.

Ese rato de charla y risas nos había dejado un sabor de boca inmejorable con el que nos quedamos ya la jornada entera, en la que todavía pudimos visitar todo el centro de Frankfurt –basta un día para conocer lo más granado–, para grabar algunos compromisos profesionales que teníamos pendientes y para cenar con parte del equipo de la NFL desplazado hasta Alemania. Esas cenas son un máster, se aprende más escuchado a esa gente que en años de universidad. El responsable máximo de NFL Game Pass, el responsable de los mercados en castellano de liga y otros miembros de las oficinas de Nueva York y Los Ángeles debatiendo y explicando asuntos sobre los que llevamos meses llenos de dudas. Y es una suerte salir con muchísimas certezas. Sabiendo que estas próximas dos semanas van a ser decisivas para saber si se juegan antes en España o en Brasil, sabiendo muchísimo más sobre el proceso de transición de Game Pass a Dazn y aprendiendo mucho sobre los planes de expansión internacional de la NFL. También que los partidos en Alemania atraen más público de Europa del Este que los de Londres, aunque el público estadounidense acude por igual. Como podrás imaginar, querido/a lector/a, es muchísimo más lo que no se puede revelar de esas conversaciones, pero para mí fueron unas horas de aprendizaje y enriquecimiento que no tienen precio.

Acabamos el sábado comiendo crepes y bebiendo vino caliente en unos pequeños puestos situados junto al puente de hierro (que es uno de esos puntos imprescindibles de la ciudad de Frankfurt, especialmente por la noche).

Ya descansados, el domingo temprano nos desplazamos al Deutsche Bank Park, donde fue muy sencillo darse cuenta desde el principio que se nos venía encima un día especial. Muchísimos aficionados atestaban los aledaños del estadio desde la mañana, ni la lluvia ni el viento consiguieron disuadirlos de no ir temprano y la zona del tailgate se llenó rápido hasta la bandera y las colas para la tienda de la NFL y los puestos de comida eran interminables. Me dio mucho gusto comprobar que no solo muchos aficionados españoles formaron parte de la muchedumbre allí presente, sino que un buen puñado de periodistas españoles trabajan en la sala de prensa. Saludarlos fue una gozada y, no os voy a engañar, también lo fue poder pasar las dos horas previas al partido en el césped para presenciar la llegada, el ritual previo y el calentamiento de los Mahomes, Tua, Kelce y demás estrellas de Chiefs y Dolphins. De cerca, todos son más grandes, más rápidos y más fuertes que cuando los ves por televisión, algunos tan enormes que te dejan con la boca abierta.

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Después, pasadas las tres de la tarde, cuando se acercaba el kick off y con las gradas ya llenas hasta la bandera, no podía parar de comentar con mi compañero de retransmisión, Martín del Palacio, esas energía distinta que se respiraba en el ambiente, estaba cargado de una electricidad que decía a gritos que este no era un partido más en Europa. No tuvimos esa sensación de otros partidos europeos en los que la grada parece una torre de Babel de camisetas distintas, portadas por espectadores felices simplemente con poder ver NFL en directo, sea el que fuere el partido que iban a presenciar. Aquí se notaba que el partido era importante. Muy importante. Se notaba que jugaba el Seed1 contra el Seed2 de la Conferencia Americana. Creo que podemos decir sin miedo a equivocarnos que es el partido más relevante que se ha jugado en Europa hasta la fecha.

Y la grada no era multicolor, la grada era mayoritariamente roja, el rojo de los Kansas City Chiefs mandaba. Probablemente el 70 u 80% de la grada eran aficionados de los Chiefs. Los Chiefs jugaban en casa y eso se hizo notar. Los Dolphins fueron pitados con fuerza cuando se fueron al vestuario después del calentamiento y el Tomahawk Chop sonó con todo su esplendor. No sé qué tiene ese cántico o cómo lo interpretan, que consigue erizarte la piel cuando lo escuchas. Es la tercera vez que estoy en un estadio con mayoría chief y siempre me ha emocionado. Y eso que, como me recordaba la familia Euston, aún no lo he escuchado en Arrowhead. Pero este domingo el Deutsche Bank Park de Frankfurt fue lo más parecido a Arrowhead que Europa pudo ofrecer a los Chiefs, lo más cercano a jugar como local. Y lo recompensaron con una victoria, de hecho ambos equipos nos recompensaron con un gran partido que no hace más que dejarnos con más ganas de NFL. Con ganas de que la NFL venga a España. Porque queda muy claro que Europa, como sucede en México cuando allí se juega, manda un mensaje inequívoco: Queremos más NFL. Y la NFL quiere más Europa. Quiere más partidos internacionales y pronto sabremos cuáles serán los nuevos destinos de la liga y el orden en el que se jugará. España y Brasil contienen la respiración, deseando ser el centro del mundo NFL como este pasado domingo lo fue Frankfurt. La NFL cuida cada vez más estas salidas fuera de Estados Unidos y este partido y los protagonistas con los que contó son buena muestra.

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La conclusión más clara que saco de este fin de semana plagado de NFL en tierras alemanas es que esta experiencia de vivir in situ un partido de la series internacionales vale absolutamente la pena y solo te deja con ganas de más. Y, egoístamente, ojalá pronto lo tengamos en España y podamos vivir este ambiente y esta sensación tan especial que hemos respirado estos días por Frankfurt.