"La prĂłxima vez acordaros de traer la ofensiva", espetĂł Ronnie Lott, defensor de los San Francisco 49ers. Era un clĂĄsico dĂa de viento en el templado enero de la parte mĂĄs noble de la bahĂa. Final de conferencia. El equipo local acababa de barrer a los rivales.
Chicago. Los rutilantes años 80 habĂan empezado en medio de la desolaciĂłn. El Ășltimo triunfo de los Blackhawks remontaba al '61. Los Cubs seguĂan atrapados por la surrealista maldiciĂłn de la cabra -curse of the Billy Goat-. Tras haber amañado, y perdido, las World Series de 1919, los White Sox habĂan disputado solo un clĂĄsico de otoño, siendo derrotados por los Dodgers. Los Bears, uno de los equipos mĂĄs exitosos de la era anterior a la Super Bowl, nunca se habĂan clasificado para un Championship en la nueva Ă©poca. Hasta aquel domingo en el que las lĂĄgrimas de su jugador mĂĄs icĂłnico sacudieron al vestuario. "He necesitado diez años para llegar aquĂ y quizĂĄs necesitarĂ© otros diez para volver", dijo.
Es la Ă©poca del hedonismo reaganiano. El mundo occidental vive en la opulencia. Los europeos de clase alta viajan al Caribe. El culto del fĂsico llega para quedarse con los primeros gimnasios. HabĂa llegado el momento de cambiar el rumbo tambiĂ©n a la orilla del lago Michigan. El año anterior a aquella humillaciĂłn padecida en la casa de Joe Montana, los Chicago Bulls que nunca habĂa saboreado una final NBA, habĂan seleccionado en el draft a un muchacho que salĂa del Universidad de North Carolina. ÂżHace falta escribir su nombre?
Al horizonte se vislumbraban destellos de luz, señales de gloria.

Los Bears se han quedado huĂ©rfanos de su figura imprescindible. El 'GSH' que encontramos en las mangas del equipo es un homenaje a Ă©l. En su quijotesca vida ha hecho de todo. Lo llamaban Papa Bear. George Stanley Halas habĂa hecho un Ășltimo regalo al amor de su vida. Respondiendo a una carta. ÂżCĂłmo?
Alguien que se dejĂł llevar por sus sentimientos. HabĂa triunfado como jugador en la 'Ciudad de los Vientos' cuando no existĂa la Super Bowl. Luego habĂa alcanzado el anillo en Dallas. Colgado el casco a la pared, habĂa aprendido el fascinante oficio de entrenar bajo las alas del gurĂș de aquellos Cowboys, Tom Landry. Mike Ditka conocĂa Chicago como si fuera su hija, sangre de su sangre. SabĂa que para ganar habĂa que compaginar con la mĂstica de la ciudad. AbriĂł su corazĂłn y dijo al presidente: "Estoy preparado para guiar a los Bears". Contratado.

De origen ucraniano y polaco, lo llaman 'Iron Mike', por haber nacido en un ĂĄrea de Pennsylvania que vivĂa y morĂa alrededor de la industria del acero. TambiĂ©n por ser un sargento de hierro. Promete el tĂtulo en 4 años. Es un desafĂo que sus jugadores sienten como una reivindicaciĂłn. Porque hay que borrar aquella tarde del 10 de enero de 1985 en San Francisco.
En la entidad trabajaba como coordinador de la defensa, Buddy Ryan. Estaba construyendo el mĂĄs increĂble reparto defensivo que jamĂĄs se haya visto. PasarĂĄ a la historia como 46 Defense, homenaje a Doug Plank. Un defensive back conocido por la rudeza de sus jugadas que defendiĂł por toda su trayectoria NFL la camiseta nĂșmero 46 de los Osos. Se retirĂł en 1982.
Aquella defensiva tenĂa un objetivo, cazar al quarterback con una gran cantidad de soldados. JamĂĄs se habĂa visto una maquinaria tan agresiva, atemorizadora y a la vez eficaz. Porque se puede ir a por el mariscal con muchos jugadores, pero si no se hace con el timing correcto el rival te acribillarĂĄ. Los Bears no se acostumbraban a querer recuperar la pelota despuĂ©s de tres intentos rivales fracasados. QuerĂan arrebatĂĄrsela de las manos. ÂżNombres? El elenco serĂa muy largo.

ÂżLa ofensiva? Su clave era aquel hombre apodado dulzura que se desahogĂł en el vestuario del Candlestick Park -antiguo y mĂtico recinto de los Niners-. A lo largo de muchos años habĂa sido una estrella en el desierto. Walter Payton. En 1985, le construyeron una orquesta. El QB era Jim McMahon. SufrĂa de sensibilidad ocular aguda por lo que era habitual verlo luciendo gafas de sol en pĂșblico. Como los grandes, de una debilidad a una fortaleza. Se convertirĂĄn en su seña de identidad y anticiparĂĄn la moda que se difundiĂł posteriormente con el estreno de Top Gun. Un tipo extravagante que no era ni Montana ni Marino, pero tenĂa desparpajo. Era un lĂder. Durante aquella temporada se sobrepuso a varias lesiones. Entre los receptores hay que destacar al rĂĄpido Willie Gault. ÂĄRapidĂsimo! HabĂa ganado la medalla de oro en el relevo 4x100 -con Carl Lewis- y el bronce en los 110 vallas en los mundiales de atletismo de Helsinki.

Pese a los contrastes entre Buddy Ryan y Mike Ditka, los Bears aniquilaron a los rivales y en varios partidos se tomaron pequeñas grandes revanchas que sirvieron para mandar una señal inequĂvoca a toda la naciĂłn. Barrieron a los Cowboys del ex jefe de Ditka; aniquilaron dos veces a los 'odiados' Packers y vencieron a los 49ers con "Refrigerator" Perry, una de las estrellas de la defensa, que se tomĂł el lujo de ejercer de Fullback. No serĂĄ la Ășnica vez en la temporada. Claro guiño a la ofensa del año anterior cuando el entrenador de Frisco colocĂł a un hombre de lĂnea en posiciĂłn de Fullback.
Nadie los paraba. Hasta un histĂłrico Monday Night Football. No puede ser casualidad que el Ășnico equipo que superĂł a los Bears tenĂa el mariscal de campo con el lanzamiento mĂĄs rĂĄpido de todos. Dan Marino. Los hijos de los Dolphins de los '70 salvaron la temporada perfecta de sus progenitores. SĂ, porque los Bears no volverĂĄn a perder.
Una ciudad que en los hĂșmedos veranos se divide entre el obrero South Side, con sus queridos White Sox, y el coqueto North Side, con sus adorados Cubs, se habĂa unido en otoño e invierno por aquel grupo de muchachos que sabĂa divertirse y conocĂa su grandeza. AcudĂan en masa al magnĂfico Soldier Field -viejo o nuevo, siempre esplĂ©ndido- que domina majestuosamente el verde del romĂĄntico Millennial Park que abraza el lago por el cual pasan los glaciales vientos del norte.

En Playoffs continĂșa la hazaña. ÂżLa Super Bowl? Los de Ditka se dejaron seducir por los excesos de la Big Easy, pero dieron una clase magistral. Los New England Patriots acabaron arrollados bajo los golpes demoledores de un equipo intratable. Pocos años despuĂ©s llegarĂan los tĂtulos de los Bulls. En el nuevo milenio, las tres Copas Stanley de los Blackhawks. Los White Sox habĂan vuelto a ganar un clĂĄsico de otoño. Y los Cubs acabarĂĄn con su anatema. ÂżLos Bears? Demasiado tiempo sin repetir. Alrededor de los elegantes escaparates de Michigan Avenue quieren volver a saborear la miel de la magnificencia.






