Debe haber pocos estadios en la NFL con mayor carisma que el Raymond James Stadium. Hay tres momentos fundacionales para quien conoce la adicciĂłn por la NFL a travĂ©s de jugar Madden por la madrugada: encontrar la pestañita del hail mary -y utilizarlo mucho mĂĄs de lo que lo harĂa cualquier equipo profesional-, descubrir que tu quarterback puede correr y, por Ășltimo, encontrarte con que el estadio de los Tampa Bay Buccaneers tiene un barco precioso tras la zona de anotaciĂłn. PasĂ© noches enteras jugando al modo franquicia con los Bucaneros de Josh Freeman. El equipo, en la realidad, estaba para llorar, pero yo los hice campeones dos veces seguidas. DespuĂ©s concretĂ© la mudanza del equipo a MĂ©xico, pero esa es otra historia.
Florida, paradĂłjico estado siempre dispuesto a construir un relato que los legitime como un crisol multicultural, pero que se ha convertido en uno de los principales focos conservadores anti-migrantes en Estados Unidos, tiene tres equipos en la NFL: Miami, Jacksonville y Tampa Bay. El paĂs mira a Florida como una suerte de lugar de retiro: Jerry Seinfeld, creador y protagonista de la serie que resume a la perfecciĂłn la neurosis neoyorquina de fin de siglo, encontraba cualquier cantidad de excusas para no bajar al pantano y visitar a sus padres en Boca RatĂłn, un condado de paisajes idĂlicos al norte de Miami. Tom Petty, nacido en Gainesville, muy cerca de Jacksonville, contĂł alguna vez que la mejor decisiĂłn que pudo tomar fue salir del pantano con direcciĂłn a Los Ăngeles. Estados Unidos ha convertido a Florida en el epĂtome de una modernidad donde no hay mayor crimen que aburrirse: siempre hay que tener algo que hacer, algo por descubrir o algo por visitar. Louis CK, en su momento, se burlaba de que en Miami solamente faltase ofrecer ataĂșdes con televisor incluido para evitar que el difunto llegara a aburrirse.

La gente de Florida, sin embargo, se aburriĂł durante mucho tiempo. Si bien los Dolphins se han erigido histĂłricamente como el equipo insignia del estado, tanto Jacksonville como Tampa Bay han gozado de mayor Ă©xito en este siglo. Los Jaguars, comandados por un Blake Bortles que, durante el primer mes del 2018 se creyĂł el mejor Tom Brady, llegaron al juego de campeonato de la Conferencia Americana para ser derrotados por unos Patriots que despuĂ©s caerĂan ante el improbable Nick Foles en el Super Bowl. Los Buccaneers, por su parte, llegaron al Super Bowl en 2003 y vencieron a los Raiders de Bill Callahan en el hoy extinto Qualcomm Stadium de San Diego. RepetirĂan despuĂ©s en 2020, cuando la crepuscular dupla de Tom Brady y Rob Gronkowski venciĂł a un favorito Patrick Mahomes.
Tampa Bay se inscribe como una urbe extraña en el mapa de Florida: es la Ășnica ciudad importante afincada al oeste del estado, pega directo con el Golfo de MĂ©xico y no es precisamente el destino turĂstico que una agencia de viajes recomendarĂa. La ciudad estĂĄ considerada como la cuna norteamericana del death metal; no deja de ser curioso que un lugar donde aparentemente no sucede demasiado se haya erigido como caldo de cultivo para uno de los gĂ©neros musicales mĂĄs potentes que han existido. Lo mismo le preguntaron a Tom Petty sobre la facilidad de Gainesville, un pueblo perdido a las afueras de Jacksonville, para generar artistas: de allĂĄ salieron, ademĂĄs de Petty, Don Felder, compositor de los Eagles, y Jeremy McKinnon, de A Day To Remember. Hay algo en el agua, dijo Petty. En el caso de Tampa y el death metal todo es mĂĄs sencillo: hay una construcciĂłn de ladrillos en medio de la nada, en el cruce de la novena avenida y Van Dyke, al norte de la ciudad, donde en 1981 surgieron los Morrisound Studios, casa de la primera discogrĂĄfica que confiĂł en el death metal en Estados Unidos. AllĂ, en el barrio de Fern Cliff, grabaron bandas como Cannibal Corpse o Sepultura.

Andrew O'Neill, historiador musical especializado en el heavy metal, ubica el death-metal como una de las cimas en el mapa sonoro del gĂ©nero. En este sentido, Tampa consigue desmarcarse de una identidad musical afincada en una perversiĂłn y tropicalizaciĂłn del latinaje que permea prĂĄcticamente a todo el estado de Florida. El mismo O'Neill establece la fĂłrmula del death-metal como el mero hecho de llevar todo a la milĂ©sima potencia: ÂżcĂłmo ser mĂĄs heavies? Superando al rival. ÂżBlack Sabbath va lento? Ve aĂșn mĂĄs lento. ÂżSlayer va rĂĄpido? Ve aĂșn mĂĄs rĂĄpido. ÂżIron Maiden escribe sobre situaciones apocalĂpticas? Encuentra la forma de ir mĂĄs allĂĄ. Es posible encontrar, entonces, un paralelismo entre la creencia fundamental que O'Neill establece alrededor del death-metal y la manera de jugar de Baker Mayfield: ir mĂĄs allĂĄ, jugar una marcha por encima.
Baker Mayfield es el nombre principal en el proyecto actual de los Buccaneers. El hombre al que le bastaron cuarentaiocho horas como mariscal de los Rams para vencer en todo un SoFi Stadium a los Raiders en 2022 dijo, al final de ese partido, que no podrĂa haber escrito una historia mejor. El juego de Mayfield involucra, tal vez, morir un poco en cada partido. Es una gesta canciĂłn tras canciĂłn. Es puro death-metal.





