En 2015, Chargers y Raiders, dos viejos antagonistas de la AFC Oeste, sorprendieron a la liga manifestando sus planes de mudarse en paralelo.
La idea era que construyeran juntos un nuevo estadio en Carson, una ciudad manufacturera al sur de Los Angeles. Esto supondrĂa el regreso de la NFL a uno de los mercados mĂĄs atractivos del territorio estadounidense. Para muchos era inconcebible que el buque insignia de la Costa Oeste no tuviera una franquicia profesional.
Dean Spanos y Mark Davis gestaron un plan ambicioso de 1.8 billones de dĂłlares, que incluĂa un estadio de 65 mil personas al aire libre. El problema fue que Stan Kroenke, dueño de los Rams, tambiĂ©n puso sobre la mesa 2.7 billones, un estadio techado de 80 mil personas en Inglewood y el proyecto de construcciĂłn mĂĄs caro en la historia de los deportes: el So-Fi Stadium.

Chargers y Raiders tenĂan en comĂșn haber jugado durante mucho tiempo en complejos ideados para la prĂĄctica del beisbol, por lo que estaba ĂĄvidos de un estadio propio y moderno. Por ello, y para contrarrestar el mĂșsculo econĂłmico de Kroenke, Jerry Richardson, dueño de los Panthers, le recomendĂł a Spanos aliarse con Davis.
Pese a que buena parte de la vieja guardia de los dueños de la liga se inclinaban por el proyecto de Carson, Jerry Jones tomĂł el control de la junta e inclinĂł definitivamente la balanza en beneficio de Kroenke. Este, que sabĂa que de construirse un nuevo estadio en Los Angeles forzosamente tendrĂa que albergar a dos equipos, le ofreciĂł a los Chargers un contrato de arrendamiento.
AsĂ, Spanos pasĂł de ilusionarse con un estadio propio a ser un simple inquilino de los Rams en Inglewood, una ciudad del condado de Los Angeles que se ha caracterizado por acoger a dos de las minorĂas mĂĄs importantes en Estados Unidos: los afroamericanos y los mexicoamericanos.

PensĂ© que era la decisiĂłn correcta por muchas razones. Como dije, fue una decisiĂłn emocional, fue difĂcil, pero al final del dĂa debes mirar hacia adelante, necesitĂĄbamos un lugar para jugar. Creo que este estadio serĂĄ el estadio principal de la NFL y es una gran oportunidad para nosotros durante los prĂłximos 25 o 30 años. Dean Spanos, dueño de los Chargers
Los Chargers no tenĂa muchas alternativas. Si no tomaban la opciĂłn de mudarse junto a los Rams, debĂan volver a San Diego con las manos vacĂas. AdemĂĄs, dejarĂan el camino libre para que los Raiders tomaran la estafeta.
Al final los Chargers se establecieron en Los Angeles, donde la franquicia comenzĂł su periplo profesional en 1961, y los Raiders, emblema de la contracultura en la agitada ciudad de Oakland, tuvieron que explorar nuevos horizontes en Las Vegas.
En algunos sectores de la prensa, hay gente que sigue llamando al Chargers-Raiders el Relocation Bowl. Las mudanzas en la NFL siempre tienen dos caras.





