Skip to main content

Mundo NFL | Sitio oficial de la NFL en español

Las calles de Philadelphia

En Silver Lining's Playbook, la película que catapultó a David O. Russell a ser -o parecer- uno de los realizadores de autor más interesantes de Hollywood en la segunda década de este siglo, los Philadelphia Eagles juegan un papel fundamental. O. Russell, acostumbrado a llevar a sus personajes hasta las últimas consecuencias, buscó captar la neurosis de la periferia: la diagnosticada y la cotidiana, que no están, quizá, tan lejos. La película no podría entenderse sin la presencia del equipo de Philadelphia: un personaje no se quita jamás el percudido jersey del equipo, mientras que otro más, desempleado, está convencido de que apostándole semana a semana al triunfo de los Birds conseguirá abrir un restaurante que dote de un nuevo sentido a su vida. Casi no tuve que actuar, dijo Cooper en su momento; mis papás movían la televisión a donde estuviéramos si jugaba el equipo.

La afición de los Eagles ha adquirido la etiqueta de intensa o insoportable; según la camiseta de quien lo dicte. Asistir al Lincoln Financial Field con jersey visitante es una prohibición no escrita por la liga; el ambiente es, cuando menos, hostil. Venir a Philadelphia es complicado; luego, encima, hay que jugar, dijo Daniel Jones, otrora quarterback de los New York Giants, hace un par de temporadas. El estadio está ubicado a pocos metros del Xfinity Mobile Arena, donde juegan los Flyers de la NHL y los 76ers de la NBA, y un largo estacionamiento lo separa del Citizens Bank Park, casa de los míticos Phillies de la MLB. Sin ser una de las ciudades más turísticas o con mayor auge cultural, Philadelphia tiene presencia en las tres grandes ligas del deporte norteamericano.

Bradley Cooper arrives prior to the NFL Super Bowl 59 football game between the Philadelphia Eagles and the Kansas City Chiefs, Sunday, Feb. 9, 2025, in New Orleans. (AP Photo/Brynn Anderson)

Existe en Netflix un documental que vale bastante la pena: The Turnaround. Éste gira en torno a John McCann, un aficionado de toda la vida a los Phillies. Enfundado en una camiseta que no decía otra cosa sino property of the Philadelphia Phillies -qué cosa, pienso yo, asumirse objeto apropiado por el equipo propio-, McCann contaba cómo el campocorto estelar adquirido por el equipo, Trea Turner, acumulaba chorrocientos partidos sin conectar un hit. La gente, especialmente impaciente, empezó a apretar. McCann llegó a la conclusión de que la mejor forma de alentar a Turner era, quién lo diría, coreando su nombre cada que éste se acercase al plato a batear. Lo que comenzó para muchos como un gesto eminentemente sarcástico se convirtió en gasolina para que el jugador comenzara a producir. Turner acepta que en un principio pensó que se burlaban de él; luego, nomás se dejó llevar. Es innegable la incidencia de la afición de Philadelphia respecto a lo que sucede en el campo; sus jugadores lo saben, pero saben también que esto opera hacia lo bueno y hacia lo malo.

Philadelphia, ya lo decía, no es una ciudad turística. Jonathan Demme lanzó en 1993 una película que llevaba como título el nombre de la ciudad y giraba en torno a la estigmatización que recibía un hombre homosexual víctima de VIH. Tom Hanks y Denzel Washington, los protagonistas, recibieron cualquier cantidad de galardones, pero lo verdaderamente potente fue la canción que el mismo Demme le pidió a Bruce Springsteen para musicalizar la obra. Springsteen no nació en Philadelphia sino en Nueva Jersey, a varios kilómetros; conocía, sin embargo, la impotencia derivada de ser una ciudad satelital; venía de un lugar del que había que huir si uno decidía hacer algo con su vida. Estados Unidos, país forjado por un monstruoso capitalismo y sus denominadas oportunidades, difícilmente voltea a ver a quien proviene de una ciudad, digamos, aislada. Philadelphia ha batallado precisamente con ese estigma: los Eagles comparten división, la NFC East, con el equipo más influyente en la historia del país -Dallas Cowboys-, el cuadro consentido de la eterna ciudad de moda -New York Giants- y el conjunto que representa a la capital del país -Washington Commanders-. Poca cosa. Ganar, diríamos, es una suerte de legitimación para el equipo y la ciudad.