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CJ Stroud y la espera de otro milagro de la Madre Naturaleza

Hoy, en este espacio que tanto atesoro, voy a hablarles de lo que sentí mientras veía el partidazo entre Houston Texans y Cincinnati Bengals el domingo pasado. Antes de ir de lleno con lo que nos compete, quiero presentar la columna haciendo una suerte de analogía, que dice así:

Una de las tantas habilidades que me vi forzado a aprender cuando me fui de la casa de mis padres (incluso siendo mayor que Tommy DeVito, debo admitir) es el cuidado de las plantas.

Nunca había tenido una fascinación por el universo de la flora. Inclusive hoy, tampoco creo que pudiese nombrar cinco tipos de plantas y, cada vez que necesito trasplantar una o quitar tierra de una maceta, pido ayuda.

Adquirí conceptos nuevos, como que hay plantas "de interior o exterior". Entendí que regar no consiste en tirarle cinco litros de agua a cada maceta hasta que rebalsen. Ahora, sé que si hay una hoja o una rama que se marchita, lo mejor es cortarla para que las partes vivas de la planta tomen más fuerza.

Digamos que manejo algunos conceptos básicos y puedo decir, con cierto orgullo (e inevitablemente comparándome con mis amigos), que mantengo un buen cuidado de mis plantitas.

Hasta ahí llego. Como verán, estoy lejos de ser un experto en la materia. Mi ensayo sobre naturaleza y cuidado de plantas duraría 153 palabras. No creo que sea suficiente para publicarlo en una revista de divulgación científica ni para que Pomona Sprout me contrate como su asistente para las clases de herbología.

De lo que sí puedo hablar por cantidades extensas (hasta quizá pasarme de la raya) es de la relación entre la NFL y sus Quarterbacks.

Considero que, de todos los factores que contribuyen al éxito de la NFL y la convierten en la mejor liga deportiva del mundo, el más determinante es la existencia de múltiples QB´s de verdadera clase élite.

Mientras tengamos quarterbacks que cumplan con los requisitos necesarios para empujar el producto, contribuyendo fuera de la cancha (como protagonistas en campañas de marketing, como tapas del Madden o como role models para los jóvenes) y sobre todo dentro del campo, demostrando su talento, ganando partidos y Superbowls, habrá NFL para rato.

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Por más que cuidemos de nuestros héroes, y tal como sucede con las plantas, a veces la raíz se marchita y no hay salvación posible. Con el retiro de Tom Brady (quien estiró al máximo su vida útil como profesional), entramos oficialmente en una nueva era.

Esta era ya estaba en proceso de gestación, dado que los QB que habían sostenido la NFL en el siglo XXI (Peyton Manning, Big Ben Roethlisberger y Drew Brees) ya se habían retirado. Sólo quedaba Brady (además de Aaron Rodgers, otro que también está intentando desafiar la lógica de la medicina).

Si esto fuera una historia, el nudo sería que no hay manera de anticipar cuando llegará el próximo Superstar QB. Ésa es la gran complicación con la que debe lidiar la liga.

Año tras año, nos pasamos meses analizando tapes de quarterbacks que se declaran para el Draft. Las franquicias realizan entrevistas, van a Senior Bowls, a Pro Days, al Combine y, finalmente, los draftean. Ya es normal, incluso en camadas no tan hypeadas, ver a 3 QB´s elegidos entre las primeras 10 picks. Y es lógico: estamos todos desesperados por encontrar nuevos quarterbacks élite.

Sin embargo, todo ese scouting y ese sobre análisis no se ha visto correspondido de un incremento en la cantidad de estos individuos.

La conclusión a la que arribo es que hay una razón por la cual ese número de QB´s es más o menos siempre igual: es tan pero tan difícil encontrar una persona que chequee todas las boxes que implica ser un QB de verdadera élite que hace falta un pequeño milagro para hallarlo.

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Y entonces, allí estaba yo el domingo, en mi sillón viendo Bengals-Texans. De un lado jugaba Joe Burrow, uno de los dos pilares incuestionables que tiene la NFL de aquí hasta mínimo 2030. Y del otro lado… mejor decilo vos, Luismi:

De pronto flash!

El QB con el casco Azul

Stroud, nacido en Rancho Cucamonga, California (sí: sólo quería escribir "Rancho Cucamonga"), salta de la tv. No hay otra manera de explicarlo. La pelota sale de su mano y sentís que el pase va a ser atrapado. Lo ves festejar con sus compañeros y la imagen de un líder está ahí, en primera plana.

Algo que por lo general tienen en común estos talentos generacionales es que se destacan desde el principio. Le pasó a Burrow, le pasó a Patrick Mahomes y le está sucediendo a Stroud, que ya posee dos récords bastante auspiciosos: es el QB que más pases lanzó antes de su primera INT (192) y el rookie QB con más yardas en un juego (470, contra los Buccaneers en la Semana 9).

Haberle ganado al propio Joe Cool no es poca cosa. Y cómo lo hizo, tampoco. Después de jugar un partido casi perfecto, lanzó una intercepción que casi le cuesta el partido a su equipo. Aun así, se repuso y comandó un game winning drive para el field goal de la victoria.

¿Tendrá Stroud lo necesario para sentarse en la misma mesa que Mahomes y Burrow? Todavía es demasiado temprano para afirmarlo. Además, desde ya que tendrá competidores que aspiran al mismo lugar (Josh Allen, Tua, Justin Herbert, Lamar, Jalen Hurts y Trevor Lawrence, quienes integran este segundo lote en mi consideración).

La sensación que tuve en las horas posteriores al triunfo de los Texans fue la que cualquier fan de la NFL desea sentir. Ese momento en donde "lo ves". Ese chasquido de dedos. Esa lámpara que se prende. Esa plantita que, después de ser plantada, regada y cuidada con cariño, florece. Ese pequeño milagro.