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Calvin Ridley, el halcón remonta el vuelo

"La ciencia moderna aĂșn no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas". Esta frase encierra un misterio paradĂłjico, puesto que saliĂł de los labios de uno de los galenos mĂĄs innovadores y revolucionarios de la medicina moderna. Un facultativo que traspasĂł lĂ­mites terapĂ©uticos y barreras dogmĂĄticas en busca del bienestar de sus pacientes. La contradicciĂłn viene porque, a pesar de los innumerables avances cientĂ­ficos y la evoluciĂłn farmacolĂłgica actual, estas lĂ­neas mantienen una modesta e indudable vigencia. Cuestionado por sus coetĂĄneos y compañeros de profesiĂłn, el neurĂłlogo austriaco Sigmund Freud, descubriĂł en las fases iniciales de su carrera profesional el extraordinario poder de la palabra. El padre del psicoanĂĄlisis, el "interpretador de sueños", el descifrador de mentes y subconscientes, que experimentĂł con novedosas tĂ©cnicas y molĂ©culas como la "cocaĂ­na", siempre tuvo en cuenta el poder curativo de la comunicaciĂłn y desarrollĂł para tratar las neurosis y la histeria la inicialmente denominada "cura del habla".

El protagonista de nuestra historia ha probado en primera persona el arsenal terapĂ©utico de la psiquiatrĂ­a moderna pero puede corroborar la veracidad de los "charlatanes" mĂ©todos iniciados por Sigmund en la imperial ciudad de Viena. Calvin Ridley tuvo que someterse a un tratamiento “freudiano” para poder salir de la oscuridad en la que se habĂ­a internado y regresar en apenas un mes a la mejor liga del mundo...

El HalcĂłn deja de surcar los cielos de Atlanta

Atlanta Falcons wide receiver Calvin Ridley (18) makes a catch during an NFL football training camp practice Friday, Aug. 28, 2020, in Atlanta. (AP Photo/John Bazemore, Pool)

El receptor de los Falcons no encaja en los estereotipos que la mayorĂ­a del pĂșblico general elabora de los pacientes neurĂłticos o con enfermedades mentales. Deportista de Ă©xito, famoso, con una desahogada situaciĂłn econĂłmica y una vida familiar estable, nada hacĂ­a presagiar a comienzo de la temporada de la NFL del año dos mil veintiuno el colapso mental que Ridley iba a experimentar. Nuestro cerebro con su intrincada red de conexiones y neurotransmisores no entiende de clases sociales, de cuentas bancarias y factores superfluos y a pesar de los esfuerzos de visionarios como Freud sigue siendo un enigma indescifrable.

Calvin ha saboreado las mieles del Ă©xito deportivo en cada etapa de su carrera. Desde que pisĂł el campus universitario de Tuscaloosa se convirtiĂł en uno de los mejores receptores universitarios del paĂ­s. En su campaña "freshman" en la marea carmesĂ­ de Nick Saban conquistĂł el tĂ­tulo de campeĂłn universitario obteniendo mil cuarenta y cinco yardas y siete anotaciones aĂ©reas y liderĂł la todopoderosa Southeastern Conference con ochenta y nueve recepciones siendo galardonado como Freshman All American. Ridley permanecerĂ­a dos años mĂĄs en el estado cuya capital es Montgomery, cosechando triunfos individuales y colectivos. Memorable es la final del campeonato universitario del año dos mil diecisiete entre Alabama y Georgia, en la que Calvin anotĂł un touchdown decisivo para forzar la prĂłrroga, que se definirĂ­a a favor de los de Saban por el icĂłnico pase de Tua Tagovailoa a DeÂŽVonta Smith. El Ășltimo partido de Ridley con la camiseta carmesĂ­ iba a quedar grabado en los archivos histĂłricos de la prestigiosa entidad acadĂ©mica y deportiva de Alabama e iba a convertir a nuestro protagonista en doble campeĂłn universitario del deporte por excelencia de la naciĂłn.

Su irrupción en la NFL estuvo plagada de elogios y "palabras bondadosas" que, por aquel entonces, el receptor no necesitaba y no surtían efecto terapéutico ni placebo. Seleccionado por los Atlanta Falcons con la vigésimo sexta elección del draft de dos mil dieciocho, la atención que generaba Julio Jones en las defensas rivales le permitió levantar el vuelo desde sus primeros encuentros con para terminar su temporada de novato elegido como rookie ofensivo del año merced a sus ochocientas veintiuna yardas y sus diez anotaciones aéreas. En Georgia, con el dieciocho a la espalda, se consagró en apenas dos cursos como una estrella de la liga, hasta tal punto que tras su excelsa temporada de dos mil veinte, con mil trescientas setenta y cuatro yardas y nueve touchdowns en su haber, el conjunto de Atlanta decidió prescindir de su gran estrella, Julio Jones.

Este fue el punto de inflexiĂłn de Ridley. Las alas y la mente del halcĂłn volador del Mercedes-Benz Stadium comenzaron silenciosa y lentamente a resquebrajarse debido al dolor fĂ­sico y al dialelo que impone el consumo de pastillas y los nociceptores. Los extraordinarios nĂșmeros de Calvin en el año dos mil veinte los obtuvo a pesar de un continuo, exasperante y punzante dolor en el pie que le obligaba a tomar potentes antiinflamatorios (Ketorolaco) para poder saltar al cĂ©sped cada fin de semana. Los galenos no objetivaban ningĂșn daño Ăłseo en las pruebas realizadas que justificaran las molestias del receptor. El diagnĂłstico de "hematoma Ăłseo" era recurrente en las valoraciones que el equipo mĂ©dico realizaba al jugador.

La temporada de dos mil veintiuno vaticina profundos cambios para la franquicia de Georgia. Con todo el staff tĂ©cnico renovado y una plantilla rejuvenecida, Calvin siente la presiĂłn que recae sobre sus hombros tras la marcha del gran Quintorres Lopez Jones (Julio para el gran pĂșblico). Semanas antes de que el ovoide eche a volar, una resonancia magnĂ©tica revela la gran verdad. Calvin sufre una fractura en su pie (que arrastra desde la campaña previa) y debe pasar por el quirĂłfano. El cĂ­rculo vicioso de dolor, uso de antiinflamatorios y analgĂ©sicos se agranda. Aunque el tratamiento quirĂșrgico es eficaz, sin las malditas pastillas Calvin es incapaz de desenvolverse sobre el cĂ©sped con la coraza y el casco puesto. Comienza a aparecer el insomnio y la ansiedad. Su estado anĂ­mico comienza a quebrarse, irĂłnicamente, en el mejor momento de su carrera deportiva.

En estas circunstancias llegĂł la primera semana de competiciĂłn oficial. Ridley consigue saltar al terreno de juego y ser el mejor aliado, obteniendo cincuenta y una yardas aĂ©reas, de Matt Ryan en la derrota en casa frente a los Eagles. Calvin conduce tranquilo de regreso a casa junto a su mujer y su hija. Nada hace presagiar que la tranquilidad que impera en el interior del coche familiar de los Ridley estĂĄ a punto de saltar por los aires y cambiar el destino del jugador y los Atlanta Falcons para siempre. La multitud agolpada frente a su domicilio les pone sobre aviso. La visiĂłn de mĂșltiples coches de policĂ­a no augura buenas noticias. El nerviosismo se apodera del jugador y su esposa. La puerta de su casa estĂĄ abierta. Unos ladrones han aprovechado su ausencia para llevarse joyas y demĂĄs objetos de valor. La visiĂłn de cinco encapuchados con armas que revelan las cĂĄmaras de seguridad altera para siempre la tranquilidad de Calvin y su esposa. Las noches de insomnio que experimenta a partir de ese dĂ­a producen una transmutaciĂłn en la mente de Ridley. 

Se siente extraño cada mañana cuando entra en las instalaciones de los Atlanta Falcons. Este episodio junto al sufrimiento fĂ­sico que experimenta son factores precipitantes del severo deterioro mental del receptor. Percibe que la conexiĂłn con el resto de la plantilla se distorsiona irremediablemente. No tiene fortaleza ni valor para viajar a Londres para el partido de las series internacionales. Intenta con todas sus fuerzas, como ha hecho toda su carrera,  no darse por vencido jugando el veinticuatro de octubre frente a los Miami Dolphins, pero percibe que debe buscar ayuda. Una semana mĂĄs tarde anuncia en redes sociales que, por motivos de salud mental, se aleja momentĂĄneamente  de los terrenos de juego. El halcĂłn pliega sus alas y deja de surcar los cielos de Atlanta los domingos. Necesita recurrir a la terapia que Freud descubriĂł un par de siglos antes en el viejo continente
   

Calvin pasa por el divĂĄn psicoanalista

Atlanta Falcons wide receiver Calvin Ridley (18) runs watches from the sideline during an NFL game against the Los Angeles Chargers, Sunday, Dec. 13, 2020, in Inglewood, Calif. The Chargers defeated the Falcons 20-17. (Kevin Terrell via AP)

Ridley combina el poder terapéutico de los inhibidores de la recaptación de serotonina con el efecto relajante de la "cura del habla". Invierte muchas horas y sesiones postrado en el divån del psicoanålisis que popularizó Freud. Junto a su terapeuta escarba en lo mås hondo de su ser  para buscar respuestas y empezar a vislumbrar la verdadera terapia que vuelva a salvar su vida por segunda vez muchos años después. Bucea en sus recuerdos para descubrir en el niño que fue el adulto en el que se ha convertido, porque la infancia es ese periodo crítico de la vida donde se asienta nuestro yo futuro. Con su psiquiatra descubre el momento exacto donde todo comenzó a quebrarse. 

Calvin recuerda la fecha exacta, el treinta y uno de octubre del año dos mil dos. Ridley tenía por aquel entonces ocho años de edad y disfrutaba junto a sus compañeros de una fiesta de Halloween en el colegio. En mitad del jolgorio y los disfraces, su tía irrumpe para llevarse a Calvin y sus tres hermanos menores. Los deja en una casa de acogida con una frase que queda marcada en la mente del pequeño y futuro receptor de la NFL : "Tenéis que quedaros aquí, mamå y papå se marcharon por un tiempo". El mundo cambió en ese preciso instante para Ridley, de repente, se hizo adulto, era el mayor de sus hermanos y presagió que en la soledad del orfanato debía asumir el papel de patriarca familiar. Responder las preguntas, mirando a los vidriosos ojos de sus inocentes hermanos pequeños sobre lo que estaba ocurriendo y sobre lo que les iba a deparar el futuro, fortaleció el caråcter de Calvin e imprimió a su ser un liderazgo que años mås tarde trasladaría al terreno de juego. 

Durante su "terapia de la palabra" afloraron imågenes dolorosas. Ridley recuerda que sus progenitores eran una familia muy humilde. Tiene visiones de gente derribando la puerta de su casa y entrando con perros. Recibían ayuda para alimentarse. En esa situación no puede culpar a sus padres de buscar "dinero fåcil" para alimentar a sus hijos. Calvin supo que su padre fue deportado a Guayana y su madre desapareció del mapa. 

En esa situaciĂłn se encontraba el pequeño cuando descubriĂł que un balĂłn, un casco y una coraza podĂ­a salvar su vida y la de su familia. Se encontraba interno  en La Aldea Infantil SOS de Coconut Creek, Florida, cuando un golpe matutino en la puerta de su dormitorio supuso el comienzo de su idilio con el balĂłn ovalado. Vamos a jugar a fĂștbol americano, ÂżTe apuntas?. Con esa sencilla frase comenzĂł la historia de uno de los mejores corredores de rutas de los mejores años en la NFL. SolĂ­a pasar el dĂ­a entero practicando porque eso le ayudaba a olvidar su situaciĂłn familiar. Su calidad no pasĂł desapercibida para los ojeadores y en el tercer año de instituto su nombre ya estaba marcado en las principales agendas universitarias. RecibiĂł multitud de cartas de invitaciĂłn con becas universitarias. La primera vez que montĂł en aviĂłn, con todos los gastos pagados, fue para visitar las instalaciones de Tuscaloosa. Su año freshman universitario fue consciente de que el fĂștbol americano habĂ­a salvado su vida y la de su familia mĂĄs cercana. Recuerda aquella primera Navidad en torno a una copiosa mesa como un punto de inflexiĂłn para sus allegados mĂĄs Ă­ntimos

Ridley segunda resurrecciĂłn

Jacksonville Jaguars wide receiver Calvin Ridley (0) practices during an NFL football training camp, Thursday, July 27, 2023, in Jacksonville, Fla. (Logan Bowles via AP)

En los días mås oscuros Calvin cometió muchos errores, instaló en su celular una aplicación de apuestas y para alejarse de ladrones, de su fractura en el  pie y en un intento de que las horas del día pasarån mås råpido apostó a favor de sus Falcons la cantidad de mil quinientos dólares. Cuando la gente le pregunta; conociendo las reglas y la política de la NFL en ese aspecto ¿en qué estabas pensando? Ridley asevera con sinceridad : "no pensaba" profundizando en el poder nublado del raciocinio que tiene la depresión. La liga impuso al receptor una sanción que le impidió jugar durante toda la campaña de dos mil veintidós.

Ridley ha superado muchas adversidades a lo largo de su vida y se dijo a sĂ­ mismo que, tras recuperar su fortaleza fĂ­sica y reestablecer el equilibrio quĂ­mico en su cerebro gracias a la terapia farmacolĂłgica y la cura desarrollada por Freud, el fĂștbol americano volverĂ­a a salvarle la vida por segunda vez.

Calvin se siente una persona diferente, el halcón se ha convertido en un peligroso jaguar dispuesto a atrapar los balones de Trevor Lawrence en Jacksonville. Percibe estar mås fuerte que nunca y anhela obtener una temporada de mil cuatrocientas yardas. Los Jaguars apostaron por el receptor en el momento mås bajo de su carrera, cuando media liga lo creía desterrado al paro. La pretemporada nos hace intuir que el receptor ha resurgido de sus cenizas como el mítico ave fénix a base de derramar lågrimas curativas y que las palabras que pronunció Sigmund Freud eran ciertas: Para Ridley no ha habido un medicamento mås eficaz que unas pocas palabras bondadosas.